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¿Qué pasaría si supieras que una luchadora puede ganar apenas el 10 por ciento de lo que recibe un luchador varón por la misma función? Esta es la realidad que viven muchas mujeres en el pancracio mexicano. Aunque las luchas femeniles han ganado espacio en las carteleras, la brecha salarial en la lucha libre sigue siendo abismal. Sigue leyendo, aquí te explicamos por qué la pelea más dura no siempre ocurre dentro del cuadrilátero.

La brecha salarial en la lucha libre se refleja en cifras brutales: mientras un gladiador masculino puede cobrar hasta 20 mil pesos por función, a muchas luchadoras les pagan apenas 2 mil 500. Así lo denuncia Lidia “Maroñas”, quien expone cómo la desigualdad se normaliza en cada cartelera.
Princesa Azul, otra voz fundamental, ha sido clara: “nos han desvalorado porque eres mujer”. Más allá de la paga, denuncia que promotores y públicos aún desestiman su trabajo con frases como “váyanse a la cocina”. Esta no es solo una cuestión económica: es un reflejo del machismo estructural que relega a las mujeres a roles secundarios, incluso en deportes de contacto.
Brecha salarial en la lucha libre y violencia estructural
Lady Apache, referente con más de tres décadas de carrera, advierte que la brecha de género en las luchas va más allá del salario. “Ni los estelares tienen prestaciones ni seguro médico”, afirma. Por ello fundó la organización Equidad y Dignidad Lucha Libre Femenil A.C., para exigir derechos laborales básicos.
Sus denuncias han tenido un alto costo: trabajos perdidos, vetos y represalias. Además, reveló cómo compañeras sufren acoso y restricciones laborales por maternidad, lo que agrava el entorno precario. La lucha no es solo por equidad económica, sino por condiciones laborales mínimas y respeto profesional.
Un problema que rebasa el pancracio
Esta desigualdad no es exclusiva del ring. En México, la brecha de género en las luchas se inscribe en un contexto laboral donde las mujeres ganan, en promedio, entre 10 y 20 por ciento menos que los hombres. En el deporte, la informalidad y la cosificación agravan esta realidad.
Aunque hay iniciativas legislativas que buscan garantizar seguridad social y salarios base para las deportistas, en la lucha libre aún no se aplican de manera efectiva. La falta de regulación permite que la discriminación se mantenga.
Sin igualdad fuera del ring, no hay justicia en el deporte
La brecha salarial en la lucha libre no es casual: es producto de una historia de invisibilización, precariedad y machismo. Luchadoras como Princesa Azul y Lady Apache están enfrentando este sistema, no solo con llaves y acrobacias, sino con exigencias claras de contratos justos, prestaciones y reconocimiento.
Su resistencia nos recuerda que la pelea por la igualdad también se libra fuera del ring. Y mientras la justicia no llegue, la lucha continúa.
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