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¿Por qué cada vez más mujeres se acusan entre sí de ser una “pick me”? ¿Qué revela esto sobre los mandatos patriarcales y nuestra forma de relacionarnos en internet? Este término, viral en redes sociales, ha servido tanto para evidenciar patrones machistas como para alimentar la competencia entre mujeres. Pero su uso arbitrario ha sido en muchos casos contraproducente. Hoy, entender su alcance es urgente.

El concepto pick me nació como una crítica hacia aquellas mujeres que, en búsqueda de aprobación masculina, se distancian de lo femenino y denigran a otras mujeres. Frases como “yo no soy como las demás” o “solo me llevo con hombres” se convirtieron en ejemplos de misoginia interiorizada, una forma sutil pero poderosa de reproducir estereotipos sexistas.
En plataformas como TikTok, este término ha permitido señalar comportamientos que refuerzan la idea de que el valor de una mujer depende de cómo la perciben los hombres. También ha sido útil para reflexionar sobre cómo muchas mujeres sienten la presión constante de ajustarse a ideales patriarcales, incluso sin darse cuenta.
El riesgo de usar “pick me” como arma
Usar el término con responsabilidad podría contribuir a desmantelar normas de género opresivas y generar conversaciones más honestas sobre identidad, autonomía y sororidad. Pero no todo en la viralización del término ha sido constructivo. En muchos espacios digitales, el término se ha convertido en un juicio automático contra mujeres que se comportan o piensan distinto a lo que se considera “correcto” dentro de ciertos feminismos.
Disfrutar de deportes, no usar maquillaje o simplemente expresar una opinión contraria puede ser suficiente para ser tachada de misógina. Esto alimenta una rivalidad femenina que daña la posibilidad de generar empatía y alianzas.
Más grave aún, esta etiqueta ha comenzado a usarse para castigar la diferencia. Mujeres que no siguen los códigos de feminidad tradicional son vistas como manipuladoras o traidoras, en lugar de ser respetadas por su derecho a elegir. El miedo a ser acusadas ha llevado a muchas a autocensurarse, perdiendo autenticidad por temor al juicio ajeno.
De la crítica a la construcción colectiva
El concepto pick me no es el problema. Lo problemático es convertirlo en un instrumento de exclusión. En lugar de atacarnos, necesitamos preguntarnos: ¿cómo podemos reflexionar sin juzgar? ¿Cómo construimos un feminismo que incluya y acompañe y no juzgue y señale?
Aceptar que todas —en mayor o menor medida— hemos internalizado mandatos patriarcales es el primer paso. Lo siguiente es desaprender juntas, sin rivalidad ni violencia.Una cosa que no debemos perder de vista es: transformar no significa etiquetar. El término tiene capacidad crítica, pero también con el potencial de ser divisorio. Su valor está en cómo la usamos: para reconocer la misoginia interiorizada, sí. Pero también para cuestionarla sin caer en la exclusión. Porque el verdadero empoderamiento no nace del juicio, sino de la transformación colectiva.
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