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Una mujer que ha pasado años buscando a su hermano desaparecido ahora es parte del Poder Judicial. La historia de Delia Quiroa interpela al sistema de justicia mexicano. Además, plantea una nueva forma de ejercerlo desde la experiencia de quienes han sufrido su ausencia. Su elección como jueza de distrito en Sinaloa marca un punto de inflexión entre el activismo social y la institucionalidad.

Delia Quiroa, originaria de Culiacán, Sinaloa, dejó sus estudios en ingeniería cuando su hermano Roberto desapareció en 2014 en Tamaulipas. En vez de rendirse y esperar sentada a que llegara la justicia, fundó el Colectivo 10 de marzo, una red de búsqueda de personas desaparecidas.
Desde ahí recorrió fosas clandestinas, impulsó denuncias y, con el tiempo, estudió Derecho para litigar casos como el suyo. En junio, en la primera elección popular del poder judicial, fue electa jueza con más de 81 mil votos.
Un perfil inédito: Delia Quiroa como puente entre víctimas y justicia
Como buscadora y jueza, Delia representa una fusión inusual y poderosa. En un país marcado por la impunidad, su llegada al juzgado mixto del XII Circuito en Sinaloa promete algo más que sentencias: propone sancionar la negligencia de funcionarios públicos, agilizar los amparos urgentes y facilitar el acceso digital a expedientes judiciales, sobre todo para familias vulnerables.
Este enfoque nace no solo de su formación legal, sino de su vivencia. Delia no es una funcionaria ajena al dolor. Su visión del derecho tiene raíz en la pérdida, lo que redefine el ejercicio judicial desde una ética empática y comprometida. En sus propias palabras, aunque asuma el cargo el 1 de septiembre, “en los momentos libres seguiré buscando a mi hermano”.
¿Activismo y toga pueden convivir?
Colectivos de rastreadoras han celebrado su valentía y coherencia. Sin embargo, también hay dudas: ¿Podrá el rol institucional coexistir con la labor de búsqueda en campo? ¿Habrá respaldo real a sus propuestas dentro del sistema judicial?
Expertas en derechos humanos coinciden: el mayor reto será traducir su trayectoria en resultados concretos. La presencia de Delia en un juzgado no es garantía, pero sí oportunidad. Su perfil inédito puede abrir puertas para una justicia con rostro humano y memoria viva.
Una jueza con causa: ¿el inicio del cambio?
El impacto de su incursión en el poder ya es visible: rompe el molde de jueces alejados de las víctimas, propone un modelo de rendición de cuentas y es la primera buscadora en llegar a un cargo judicial federal. Pero más allá de los títulos, encarna una pregunta urgente: ¿puede el sistema cambiar desde dentro?
La historia aún no se cierra. Lo que comenzó en una fosa puede reescribirse en una sala de audiencias. Y esa posibilidad —rara, valiente, necesaria— es lo que hace de Delia Quiroa una figura clave en la historia reciente de la justicia en México.
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