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Cuando se habla de gentrificación en México, pocas veces se menciona su impacto en materia de género. Sin embargo, detrás de cada desalojo, de cada renta que se vuelve impagable o de cada barrio que cambia de rostro, hay vidas marcadas por desigualdades previas que se agudizan. ¿Por qué este fenómeno urbano afecta de manera más severa a las mujeres? La respuesta involucra desplazamientos forzados, precariedad laboral, sobrecarga en labores de cuidados y pérdida de redes comunitarias esenciales.

La gentrificación en México no es solo un cambio físico en las ciudades; es un proceso de elitización residencial que expulsa a las personas con menos recursos para dar paso a proyectos inmobiliarios dirigidos a sectores con mayor poder adquisitivo. En ciudades como la CDMX, más de 400 mil familias han sido desplazadas por esta transformación urbana. Las principales afectadas han sido mujeres indígenas, jefas de familia y trabajadoras del hogar, que enfrentan barreras para volver a insertarse en comunidades seguras y estables.
La elitización residencial no solo modifica la arquitectura urbana: destruye redes comunitarias. Las mujeres, que históricamente han sostenido los vínculos vecinales y los sistemas informales de apoyo, se quedan sin acceso a tiendas locales, mercados, escuelas o centros de salud cercanos. Con la desaparición de estos espacios, aumenta la carga del cuidado que ya recae desproporcionadamente sobre ellas, así como la sensación de aislamiento y vulnerabilidad.
Gentrificación en México: efectos sobre la seguridad y la salud
Un efecto colateral preocupante del desplazamiento urbano es la transformación de los espacios públicos. Mercados populares, plazas y calles antes transitadas por mujeres se privatizan o se llenan de comercios dirigidos a turistas y nuevos residentes. Esto provoca que muchas mujeres se sientan excluidas y menos seguras, sobre todo en contextos donde la violencia de género ya es un problema estructural. Además, el desplazamiento genera estrés, ansiedad e inestabilidad emocional, especialmente en quienes deben reorganizar sus vidas desde cero.
Con la llegada de los llamados nómadas digitales, barrios como Roma, Condesa o San Miguel de Allende han encarecido su oferta habitacional, desplazando a mujeres y familias tradicionales a las periferias. Esta reubicación forzada limita su acceso a servicios básicos, a empleos dignos y a la participación en espacios culturales o formativos que respondan a sus intereses y necesidades.
Hacia una ciudad más justa para las mujeres
Frente al avance de la gentrificación en México, es urgente una respuesta con perspectiva de género. Se necesitan políticas de vivienda inclusiva, regulaciones al mercado inmobiliario y un diseño urbano feminista que recupere el derecho de las mujeres a vivir con dignidad en sus comunidades.
Reconocer el impacto diferenciado del desplazamiento urbano es el primer paso para construir ciudades que no excluyan a quienes históricamente las han sostenido. Porque defender el derecho a la ciudad también es defender el derecho de las mujeres a habitarla plenamente.
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