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¿Cómo se pasa del retiro por agotamiento mental a jugar una final en el césped más importante del mundo? La historia de Amanda Anisimova, una joven tenista estadounidense con raíces rusas, responde a esta pregunta con una mezcla de talento, resiliencia y un compromiso honesto con su salud mental. Su regreso al alto rendimiento, tras una pausa que parecía definitiva, es una lección que va más allá del deporte.

Amanda Anisimova se dio a conocer en 2017 al ganar el US Open junior. Dos años después, alcanzó las semifinales de Roland Garros con solo 17 años, posicionándose como una promesa imparable del tenis femenino. Sin embargo, en 2023, tras meses de derrotas y desgaste emocional, tomó una decisión poco común en el circuito profesional: anunció una pausa indefinida para priorizar su bienestar psicológico.
Durante ese tiempo, se alejó por completo del tenis. Pintó, hizo música y vendió obras para apoyar causas vinculadas a la salud mental. Su ranking cayó por debajo del top 400, pero no buscaba victorias ni trofeos: necesitaba sanar.
Amanda Anisimova y el regreso que nadie esperaba
En enero de 2024, sin grandes expectativas, regresó al circuito. Lo hizo desde abajo, pero con paso firme. Ese año se coló en el cuadro principal del Australian Open, alcanzó los cuartos de final en Toronto. Este año ganó su primer título WTA 1000 en Doha, venciendo a Jelena Ostapenko. También fue finalista en Queen’s Club, sobre césped, consolidando su retorno entre las mejores.
En esta temporada, Amanda llegó a Wimbledon como la número 13 del mundo. Derrotó en primera ronda a Pavlyuchenkova y luego dio el golpe del torneo al eliminar a la número 1, Aryna Sabalenka, en una semifinal tensa y dramática. El encuentro duró más de dos horas y media, incluyó interrupciones por incidentes en las gradas y una polémica por una celebración anticipada, que Anisimova defendió como parte de su intensidad competitiva.

Una final que trasciende el deporte
El 12 de julio enfrentará a Iga Świątek en su primera final de Grand Slam. Será la estadounidense más joven en jugar una final de Wimbledon desde Serena Williams en 2004. Además, con esta actuación, ingresará por primera vez al top 10 del ranking WTA.
Su historia es una demuestra de que el éxito no siempre sigue una línea recta. Hablar de salud mental desde el feminismo es también abrir caminos nuevos para otras mujeres en el deporte y cualquier otro ámbito. Amanda Anisimova volvió, pero lo hizo en sus propios términos, y mejor que nunca. ¿Puede ganar en Wimbledon? Sí. Pero lo más importante ya lo consiguió: demostrar que cuidarse también es una forma de competir.
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