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¿Qué tan protegidas están las trabajadoras del hogar en México? Millones de mujeres dedican su vida a esta ocupación. Pero incluso ahora, la informalidad, los bajos salarios y la falta de acceso a derechos continúan siendo una constante. Quédate con nosotras, te contamos qué dice la ley, qué cifras actualizadas reflejan su situación y por qué es urgente nombrarlas con justicia.

Según datos de la ENOE de febrero de 2025, más de 2.3 millones de mujeres se dedican al trabajo doméstico remunerado en México. Esto representa 9 de cada 10 personas en este sector, evidenciando su carácter profundamente feminizado.
| Conoce a la activista que trabaja por los derechos de las trabajadoras del hogar
A pesar de su magnitud, el 90 por ciento o más labora en condiciones de informalidad. Sólo 2.4 por ciento están afiliadas al IMSS, aunque otros reportes elevan esta cifra a un máximo del 5 por ciento. Además, el 70 por ciento no tiene acceso a prestaciones laborales, lo que deja a la mayoría en total vulnerabilidad.
El salario promedio diario es de 362.7 pesos, pero la brecha salarial de género persiste: en el Estado de México, por ejemplo, los hombres ganan en promedio 366.7 pesos diarios, y las mujeres solo 329.1 pesos.
Derechos laborales de las trabajadoras del hogar según la ley
La Ley Federal del Trabajo en el Capítulo XIII, artículos 331–343, reconoce legalmente a las trabajadoras del hogar y establece obligaciones claras para quienes las emplean:
- Contrato por escrito que incluya horarios, salario, descansos y alimentación (Art. 331 Ter).
- Jornadas máximas de 8 horas y derecho a descanso nocturno de al menos 9 horas (Art. 333).
- Acceso a vacaciones, aguinaldo, prima vacacional y seguridad social obligatoria (Art. 334 Bis).
- La prohibición de contratar a menores de 15 años y condiciones especiales si tienen entre 15 y 17 (Art. 331 Bis).
- Obligación del empleador de inscribirlas al IMSS, proporcionar alimentación y condiciones dignas si viven en el hogar (Art. 337).
Además, el artículo 341 señala que el despido injustificado puede considerarse violencia de género o discriminación, lo que refuerza la dimensión ética y de derechos humanos en esta relación laboral.
¿Por qué dejar de decir “empleada doméstica”?
La activista Marcelina Bautista lo explica con claridad: decir “doméstica” remite a la idea de domesticación. Por eso insiste en hablar de trabajadoras, un término que dignifica, reconoce su aporte económico y social, y las coloca como sujetas de derechos.

Gracias a la lucha colectiva de mujeres organizadas en redes como CACEH y la ratificación del Convenio 189 de la OIT, México ha logrado avances legales. Sin embargo, la baja afiliación al IMSS y la informalidad persistente muestran que aún hay una deuda estructural.
Las trabajadoras del hogar sostienen miles de hogares en México, a menudo sin contrato, sin seguro y con sueldos por debajo del mínimo. Conocer sus derechos laborales es el primer paso para exigir un trato justo, pero el cambio real solo ocurrirá cuando las reconozcamos como lo que son: trabajadoras, no sirvientas ni “muchachas”.
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