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¿Qué significa que una mujer rompa una tradición centenaria dominada por hombres? Este mes, Bertha Toscano hizo historia en Oaxaca al convertirse en la primera mujer en participar en la Danza de los Diablos durante la Guelaguetza 2025, una de las celebraciones culturales más importantes de México. Su aparición no solo marca un cambio simbólico: plantea preguntas urgentes sobre equidad, tradición e inclusión.

Durante la presentación de la delegación de Collantes en el Auditorio “Lunes del Cerro”, Bertha Toscano subió al escenario con máscara, chivarras y fuerza propia. Su presencia rompió con una práctica que durante siglos excluyó a las mujeres, al tratarse de un baile reservado exclusivamente para hombres. La Guelaguetza de este año apostó por abrir espacios, y ella fue el rostro de ese cambio.
Bertha Toscano y su lugar en una danza de resistencia
El valor de Bertha también está en lo que representa el acto: el derecho de las mujeres a habitar, transformar y preservar las tradiciones desde la igualdad. La Danza de los Diablos es una manifestación originada en la época colonial entre comunidades afrodescendientes que, mediante el baile, expresaban su resistencia al dominio español y mantenían viva su espiritualidad.
Históricamente realizada por hombres, la danza mezcla raíces africanas, indígenas y católicas, y se interpreta en festividades como el Día de Muertos o la Virgen de Guadalupe, especialmente en la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero. Su ejecución incluye zapateados intensos, máscaras de cuernos, música afro y personajes como el Diablo Mayor y la Minga, esta última tradicionalmente encarnada por un hombre vestido de mujer.

Una tradición que evoluciona
La incorporación de mujeres a esta danza no devalúa su valor cultural, lo enriquece. Al permitir que otras corporalidades participen, se reconoce que la cultura está viva y puede adaptarse sin perder su esencia. La Guelaguetza 2025 se convierte así en una plataforma de inclusión, no solo de pueblos, sino también de géneros.
Bertha desafía la idea de que conservar una tradición exige excluir. Al contrario: demuestra que cuando se abren espacios, el resultado es más potente, más justo y más representativo de una sociedad plural.
Un precedente que no se olvida
El paso que dio Bertha Toscano en la Guelaguetza 2025 es histórico, no solo por su valor artístico, sino por su implicación política y cultural. Su participación confirma que las mujeres pueden y deben ser protagonistas en las expresiones comunitarias que moldean nuestra identidad. Porque cuando una mujer entra a una tradición, no la rompe: la transforma y la proyecta hacia el futuro.
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