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¿Cómo se toma una foto de algo que, por definición, no deja escapar la luz? Esta fue la pregunta que la comunidad científica se hizo durante décadas… hasta que en 2019 una imagen histórica cambió nuestra percepción del universo. En el centro de ese logro estuvo Katie Bouman, una joven ingeniera electricista y científica que lideró el desarrollo del algoritmo que hizo posible ver, por primera vez, la sombra de un agujero negro.

Durante su doctorado en el MIT, Katie Bouman desarrolló el algoritmo CHIRP (Continuous High-resolution Image Reconstruction using Patch priors), un método capaz de convertir datos incompletos y dispersos en una imagen coherente. Desde 2013, Bouman trabajó junto al equipo del Event Horizon Telescope (EHT), conformado por más de 200 investigadores y al menos 40 mujeres, para reunir millones de gigabytes de información obtenidos por ocho telescopios alrededor del mundo.
| ¿Qué son los agujeros negros?
Bouman coordinó pruebas a ciegas entre diferentes grupos para evitar sesgos y garantizar que la imagen resultante fuera científicamente válida. La fotografía que finalmente se presentó al mundo mostró la silueta del agujero negro en la galaxia M87, a 55 millones de años luz de la Tierra. Fue un momento comparable al alunizaje de 1969 en cuanto a su impacto científico.
Katie Bouman: la científica detrás del algoritmo
Aunque la imagen de Katie sonriendo frente a la pantalla que mostraba el agujero negro se volvió viral, también fue objeto de ataques en línea que intentaron deslegitimar su trabajo. Con claridad, ella insistió en que el logro fue colectivo, rechazando la idea del “genio solitario”. Su reconocimiento visibilizó el rol de las mujeres en las ciencias exactas, áreas donde históricamente han estado subrepresentadas.

Formada como ingeniera electricista en la Universidad de Míchigan (summa cum laude), Bouman continuó con estudios de maestría y doctorado en el MIT. Desde 2019 es profesora en el Instituto Tecnológico de California de la Universidad de Caltech, donde fue nombrada Rosenberg Scholar y ascendida a profesora asociada en 2024.
El impacto de Katie Bouman en la ciencia
Bouman representa un modelo poderoso para niñas y jóvenes mujeres interesadas en áreas STEM. No por ser un ícono aislado, sino por demostrar que la excelencia científica no tiene género. Su historia también plantea preguntas urgentes sobre cómo construimos narrativas científicas más inclusivas y colaborativas.
La fotografía del agujero negro no solo fue un avance tecnológico; fue también una llamada de atención sobre la importancia de la diversidad en la investigación. Reconocer a Katie no es un acto simbólico: es entender que la ciencia, cuando es diversa, también es más justa, más precisa y más humana. La historia de Katie Bouman no termina con esa imagen. Continúa cada vez que una niña, en cualquier parte del mundo, se atreve a imaginar que también puede transformar la ciencia y el mundo que la rodea.
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