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¿Qué lleva a una artista a bordar con su propia sangre para hablar de identidad y sublimar su trauma? En el marco del Día Mundial del Bordado, la figura de Gimena Romero emerge como una de las voces más potentes del arte textil contemporáneo. Su obra, además de rendir un merecido homenaje al bordado mexicano, lo transforma en un lenguaje visual y corporal que narra memorias, duelos y resistencias.

Desde la técnica hasta la emoción, este trabajo resignifica una práctica históricamente subestimada, colocándola en el centro del arte con perspectiva de género y memoria cultural. El bordado mexicano, en manos de Gimena Romero, deja de ser un ornamento para convertirse en archivo emocional. Originaria de Ciudad de México, es licenciada en Artes Plásticas por La Esmeralda y completó su formación en Lyon, París y Sevilla, explorando desde el bordado con hilos de oro hasta los Tenangos tradicionales de Hidalgo.
Su exploración artística comenzó en la gráfica y la ilustración, pero encontró en el bordado una vía más íntima, táctil y poderosa. A los 22 años, este medio se convirtió en su principal forma de expresión. Desde entonces, ha llevado su obra a Europa y América Latina, participando en residencias, exposiciones y publicaciones.
El bordado mexicano como medio de identidad
Romero no borda con hilos y ya. En algunas piezas, usa fotografías familiares, fragmentos de escritura o incluso su sangre, en un intento por reconectar con sus orígenes y con los dolores heredados. Ella define el bordado como una práctica “háptica”: no solo se ve, se siente, se escucha, se recuerda.
En 2019, presentó su tesis “Bordado vivo: la gráfica textil como identidad corporal” como parte de su maestría en la UNAM. Ese mismo enfoque lo ha llevado a su Estudio Gimena Romero, fundado en 2012 como un espacio para enseñar bordado desde una mirada consciente, estética y política. Ofrece talleres, charlas, cursos y círculos de creación donde el arte textil se convierte en una herramienta de sanación.

BAAD: formar bordadoras con pensamiento crítico
Una de sus iniciativas más relevantes es BAAD (Bordado Aplicado a las Artes y al Diseño), el primer programa de formación integral en bordado certificado a nivel internacional. Su meta es formar bordadoras capaces de usar esta técnica como lenguaje crítico, artístico y cultural, con impacto curatorial, social o comunitario.
En este Día Mundial del Bordado, el legado de Gimena Romero cobra especial sentido. Su trabajo no se limita al arte decorativo; es un acto político, de memoria y de reparación. El bordado mexicano en su obra no es solo tradición: es cuerpo, es historia, es futuro. Desde cada puntada, Romero nos recuerda que bordar también es hablar, reclamar y resistir.
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