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¿Quién se beneficia cuando una modelo no existe? Esta pregunta resume el dilema ético que atraviesa el auge de las modelos creadas con IA en campañas publicitarias y revistas de moda. Pueden parecer una innovación tecnológica atractiva, pero su crecimiento también plantea serias implicaciones para las mujeres, el trabajo creativo y la representación corporal diversa.

El atractivo de las modelos generadas con IA es puramente económico. Se trata de figuras digitales generadas mediante inteligencia artificial que ya se usan en anuncios, e-commerce e incluso revistas como Vogue. Por tan solo 29 dólares al mes, una marca puede obtener imágenes perfectas, sin necesidad de contratar personal, alquilar estudios o pagar derechos de imagen.
Múltiples marcas de moda han protagonizado controversias al usar modelos digitales. Mientras tanto, plataformas digitales promueven el uso de “gemelos digitales” para mostrar cuerpos supuestamente diversos. Sin embargo, esa diversidad es muchas veces estética y superficial: no hay cuerpos reales detrás, ni trayectorias, ni derechos laborales.
¿Por qué afecta más a las mujeres?
El modelaje real es un oficio que implica formación, contratos y un ecosistema de trabajo humano: fotógrafas, estilistas, maquilladoras, directoras de arte. Las modelos generadas con IA eliminan toda esa red laboral. Lo que se ahorra en producción, se pierde en empleo y dignidad para cientos de mujeres que viven de esta industria.

Las IA replican estándares de belleza inalcanzables: piel perfecta, proporciones irreales, simetría absoluta. Esto refuerza estereotipos dañinos y profundiza la presión sobre mujeres y niñas. La supermodelo Robyn Lawley denunció sentirse “violada digitalmente” cuando usaron su imagen sin consentimiento para crear una versión idealizada con IA. Este tipo de abuso ya ocurre y pone en juego la autonomía sobre los cuerpos.
Aunque algunas empresas intentan mostrar diversidad a través de estas figuras digitales, muchas veces se trata de inclusión performativa. Las modelos creadas con IA reproducen sesgos raciales o de clase, y terminan invisibilizando cuerpos reales que históricamente han luchado por aparecer en los medios.
El valor irremplazable de las modelos creadas con IA… y sus límites
¿Puede una imagen digital expresar lo que transmite una mujer real? Las modelos creadas con IA carecen de historia, emoción y contexto. No se relacionan con el lente, no sienten, no envejecen ni luchan por sus derechos. Frente a eso, el modelaje real aporta autenticidad, movimiento y una red creativa que merece protección. Organizaciones como la Model Alliance ya impulsan leyes como la Fashion Workers’ Act, que exigen consentimiento para el uso de réplicas digitales y garantizan condiciones laborales dignas en una industria en peligro de deshumanización.
Las modelos creadas con IA pueden parecer eficientes, pero no son neutrales: afectan directa y desproporcionadamente a mujeres trabajadoras, refuerzan estéticas tóxicas y vacían de sentido la representación corporal. Si queremos una industria de la moda ética, diversa y justa, necesitamos defender el lugar de las personas reales. Porque nada reemplaza la fuerza de un cuerpo humano con historia, derechos y presencia.
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