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¿Qué fuerza mueve a una mujer para desafiar el crimen organizado, romper con las estructuras de poder patriarcales y proteger su bosque hasta con la vida? La historia de Guadalupe Campanur se ha convertido en símbolo de resistencia indígena y feminista. Su legado permanece en Cherán, Michoacán. Allí, su nombre es memoria y llamado a la justicia.

Guadalupe Campanur era originaria de Cherán, una comunidad purépecha de Michoacán. Su compromiso con la defensa del territorio comenzó en 2011. Su pueblo se levantó contra la tala ilegal y el dominio del crimen organizado. Fue entonces cuando Guadalupe rompió todos los moldes, convirtiéndose en la primera mujer guardabosques del estado. Desde ahí, participó activamente en la creación de la Ronda Comunitaria de Cherán.
Su papel fue estratégico. Además de patrullar el bosque; también se formó en vigilancia territorial, seguridad y sobrevivencia. En un contexto violento y masculinizado, su presencia demostró que el cuidado de la vida y del entorno también es un acto político ejercido por mujeres.

Guadalupe Campanur, símbolo de justicia desde la Ronda Comunitaria
El liderazgo de Guadalupe fue clave en el proceso de autogobierno de Cherán. En 2011, la comunidad logró expulsar a las autoridades corruptas e instauró una nueva forma de organización basada en el Consejo Mayor y la Ronda Comunitaria de Cherán. Desde ahí, Guadalupe defendió la autonomía, el bosque y la dignidad del pueblo purépecha.
También participó en proyectos de educación ambiental, registros de biodiversidad y formación comunitaria. Su activismo tenía un enfoque integral: proteger la tierra era también cuidar a las personas.
Un legado vivo
El 16 de enero de 2018, Guadalupe fue encontrada sin vida en Chilchota, Michoacán. Su cuerpo presentaba signos de violencia sexual. Diversas organizaciones, como ONU Mujeres y redes de defensoras, denunciaron el caso como feminicidio y exigieron una investigación con perspectiva de género. Su muerte fue un golpe profundo para Cherán y para quienes defienden la tierra en México. Pero también evidenció la brutalidad con la que se castiga a las mujeres que alzan la voz y ocupan espacios históricamente negados.
Pero incluso hoy, el nombre de Guadalupe Campanur es bandera de lucha. Su vida nos recuerda que el cuidado del territorio no puede separarse de la justicia de género. Que el bosque no se defiende solo con armas, sino con convicción, comunidad y memoria. En medio de la violencia, su historia sigue generando raíces. Porque aunque la quisieron callar, Guadalupe sembró futuro. Y su legado florece en cada mujer que defiende su tierra y su derecho a existir.
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