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En México, una enfermedad silenciosa afecta a millones y, sin embargo, rara vez aparece en las portadas: la amibiasis invasiva. Lo que pocos saben es que, detrás de avances clave para su diagnóstico, está el trabajo incansable de una mujer mexicana cuya historia inspira tanto como sus logros científicos. La doctora María del Socorro Flores ha dedicado su vida a combatir una enfermedad que golpea, sobre todo, a las comunidades más vulnerables.

La amibiasis invasiva es causada por el parásito Entamoeba histolytica y puede derivar en complicaciones graves si no se detecta a tiempo. Desde hace más de dos décadas, María del Socorro Flores, originaria de San Buenaventura, Coahuila, trabaja para mejorar los métodos de diagnóstico, combinando la biotecnología con una visión de salud pública enfocada en quienes más lo necesitan.
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Química farmacobióloga e inmunóloga, estudió en la Universidad Autónoma de Saltillo y el Instituto Politécnico Nacional, para después realizar un posdoctorado en el Instituto Louis Pasteur en París. Actualmente, es investigadora titular en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
Innovación en el diagnóstico de la amibiasis invasiva
Su trabajo ha dado como resultado siete patentes que incluyen métodos para preservar antígenos amebianos y la aplicación de la técnica Western blot para un diagnóstico más certero. Estos procedimientos ya se han validado en hospitales de Nuevo León y Ciudad Juárez, demostrando su efectividad en entornos reales.
Pero su visión va más allá de la tecnología: Flores busca que estos diagnósticos sean accesibles y económicos, lo que la ha llevado a investigar moléculas con potencial para abaratar costos y, a futuro, desarrollar una vacuna.
Reconocimientos y desafíos pendientes
A pesar de haber sido reconocida como una de las mujeres más innovadoras de México y representar al país en congresos internacionales de científicas, María del Socorro Flores enfrenta un reto constante: la falta de recursos. La escasez de financiamiento público y la ausencia de apoyo del sector privado han limitado el alcance de sus pruebas clínicas, retrasando el impacto de sus descubrimientos en la población.
Su labor refleja una realidad que atraviesa a muchas mujeres en la ciencia: el doble desafío de innovar en un campo históricamente masculino y, al mismo tiempo, sortear las barreras estructurales que frenan la investigación.La historia de Flores es un recordatorio de que el talento y la innovación no son suficientes sin políticas que garanticen igualdad de oportunidades y acceso a recursos. Su trabajo contra la amibiasis invasiva salva vidas potencialmente al tiempo que visibiliza la urgencia de invertir en ciencia con impacto social.
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