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¿Qué pasa cuando la moda deja de ser una tendencia eurocentrista y se convierte en un acto de resistencia cultural? La historia de Suilma Tuunik responde a esa pregunta mostrando que el diseño puede tejer identidad, reivindicación y justicia para comunidades históricamente invisibilizadas.

Nacida como Suilma Marimar Sánchez Martínez en San Miguel Quetzaltepec, Oaxaca, esta diseñadora indígena dejó su comunidad para estudiar moda con un propósito claro: rescatar la vestimenta tradicional que veía desaparecer. Fundó la marca Tuunik —“brisa” en mixe— como un proyecto que une técnicas ancestrales con el diseño contemporáneo.
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En sus creaciones utiliza textiles artesanales de diversas etnias oaxaqueñas, como amuzgos, triquis y comunidades de la Tierra Caliente, además de tintes naturales como la grana cochinilla, el añil y el caracol púrpura. Cada pieza, ya sea un abrigo, saco o accesorio, está teñida y bordada a mano, transmitiendo un profundo valor artístico y cultural.
Suilma Tuunik y su impacto en la industria de la moda
La trayectoria de Suilma Tuunik alcanzó un hito al convertirse en la única expositora mujer en Intermoda Guadalajara, el mayor certamen de moda de América Latina. Allí presentó una colección de once piezas que conquistaron a la crítica especializada, no solo por su belleza, sino por la fuerza cultural que transmitían.

Su presencia en este tipo de eventos rompe con las barreras de clasismo y machismo que persisten en la industria, abriendo caminos para otras creadoras indígenas. Además, su emprendimiento genera empleo y visibilidad para artesanas de las ocho regiones de Oaxaca. De esta manera, fortalece la justicia cultural al tiempo que fomenta la economía circular.
Moda como resistencia y arte comunitario
Suilma también ha vestido a figuras representativas de Oaxaca, como la soprano mixe María Reyna durante la Guelaguetza 2019. Sus diseños no son simples prendas: son narrativas visuales que cruzan fronteras culturales y cuentan historias de comunidad, territorio y memoria.
Mientras continúa sus estudios en diseño de modas, investiga símbolos, colores y técnicas artesanales para que su trabajo sea fiel a la cosmovisión indígena. Para ella, la vestimenta tradicional no debe ser un objeto de consumo superficial, sino un arte textil con historia y significado.
La labor de esta diseñadora indígena demuestra que la moda puede ser un espacio para cuestionar, resistir y transformar. Su visión coloca en el centro la identidad y el trabajo colectivo, recordándonos que vestir una prenda también puede ser un acto político. En cada colección, Suilma Tuunik confirma que la moda no solo sigue tendencias: también puede abrir caminos de dignidad y orgullo cultural, transformando las pasarelas en escenarios de memoria viva y resistencia.
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