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Cuando pensamos en los grandes hitos de la historia, pocas veces imaginamos que una sola persona pueda haberlos presenciado casi todos. Ese es el caso de Ethel Caterham, quien acaba de cumplir 116 años y hoy es reconocida como la persona viva más longeva del planeta. Su vida es un espejo de más de un siglo de transformaciones sociales, culturales y políticas, y su historia guarda una lección sobre cómo habitar el tiempo con serenidad.

Nacida el 21 de agosto de 1909 en Shipton Bellinger, Hampshire, Ethel Caterham es la última persona viva nacida bajo el reinado de Eduardo VII. Desde entonces ha visto el hundimiento del Titanic, las dos guerras mundiales, la llegada del hombre a la Luna y el avance de los derechos de las mujeres con las distintas olas del feminismo.
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Su trayectoria personal refleja también la historia de tantas mujeres que, en silencio o en primera fila, han tejido la vida cotidiana mientras el mundo cambiaba a pasos acelerados.
Ethel Caterham y el secreto de la longevidad
La palabra supercentenaria describe a quienes alcanzan los 110 años o más, pero Caterham ha ido más lejos: con 116 años es también la británica más longeva de la historia. ¿Cómo lo logró? Ella misma afirma que la clave ha estado en no discutir con nadie, vivir con calma y mantenerse fiel a lo que le gusta. Una filosofía sencilla, pero poderosa, que cuestiona los discursos rígidos sobre dietas o rutinas como únicas fórmulas de la longevidad.

En 1927, a los 18 años, viajó sola en barco a la India para trabajar como niñera. Aquella decisión, poco común para una mujer de su época, mostró su autonomía y valentía. Más tarde, se casó con Norman Caterham, teniente coronel del Ejército Británico, y juntos vivieron en Hong Kong y Gibraltar. En Hong Kong fundó una guardería, un gesto que revela su compromiso con la educación y el cuidado, tareas históricamente asumidas por mujeres y poco reconocidas en su tiempo.
Una vida activa y plena
Condujo hasta los 97 años y jugó bridge hasta bien entrada su madurez. Tras el fallecimiento de sus dos hijas, la última en 2020, se trasladó a una residencia en Surrey, donde celebró discretamente sus cumpleaños con su familia cercana. Su longevidad ha sido validada oficialmente por Guinness World Records, LongeviQuest y el Gerontology Research Group.
La vida de la supercentenaria no es solo un récord; es también un recordatorio de que el tiempo se mide tanto en años como en la manera en que elegimos transitarlos. Su ejemplo interpela a una sociedad que muchas veces invisibiliza a las mujeres mayores, recordándonos que la vejez también puede ser un espacio de dignidad, memoria y enseñanza. Hoy, con 116 años, Ethel Caterham nos muestra que la vida, vivida en calma y con autenticidad, puede ser el legado más poderoso.
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