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La renovación de la SCJN marca un momento clave en la vida democrática de México. Pero más allá de los cambios institucionales, lo que está en juego es la exigencia de justicia con perspectiva de género, de acuerdo con Citlalli Hernández, titular de la Secretaría de las Mujeres

Las recientes declaraciones de la Secretaria de las Mujeres abren un debate: ¿cómo garantizar que la renovación de la SCJN no sea solo un relevo simbólico, sino un paso hacia un poder judicial que realmente atienda las demandas de igualdad y justicia de las mujeres en México?
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“Se trata de que se limpie un poder que le debe mucho a la ciudadanía. Desde la Secretaría de las Mujeres te puedo decir que todos los días atendemos casos de violencia y el poder judicial le debe mucho a las mujeres”, señaló Citlalli Hernández poco antes de la entrega del bastón de mando al Ministro Presidente Hugo Aguilar.
El poder judicial y su deuda histórica con las mujeres
Las palabras de Citlalli Hernández subrayan una realidad innegable: miles de mujeres enfrentan obstáculos en su acceso a la justicia. A diario, la impunidad marca los procesos relacionados con violencia de género. Frente a ello, la renovación del poder judicial genera expectativa sobre una transformación profunda que coloque la perspectiva de género como principio rector en cada decisión.

Cuando Hernández afirma que “el poder judicial le debe mucho a las mujeres”. Ella habla desde una posición que recoge testimonios cotidianos: mujeres que denuncian sin que alguien les preste atención, procesos judiciales que se alargan indefinidamente y sentencias que reproducen estereotipos patriarcales.
Renovación de la SCJN: una oportunidad para la igualdad
La llegada de una nueva presidencia en la Corte abre un momento histórico. La renovación del poder judicial puede ser vista como una ventana de oportunidad para replantear cómo se imparten justicia y derechos en un país donde los feminicidios y la violencia estructural aún persisten. La expectativa social mencionada por Hernández no es menor: implica el reclamo de una ciudadanía que pide limpieza, eficacia y sobre todo sensibilidad hacia las realidades que viven las mujeres en el día a día.
“Llega la nueva Corte con una expectativa social”, enfatizó Hernández. La frase conecta con un sentimiento colectivo: la confianza en que un cambio institucional no sea solo formalidad, sino una respuesta concreta a la deuda histórica que tiene el poder judicial con las mujeres. El mensaje de Citlalli Hernández recuerda que no basta con nuevas figuras en la Corte: lo necesario es un rediseño de fondo en la forma de impartir justicia. La renovación de la SCJN sólo tendrá sentido si se traduce en decisiones que reconozcan la desigualdad estructural y trabajen activamente para erradicarla.
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