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Cuando hablamos de salud mental, especialmente en mujeres, no se trata solo de escuchar, sino de comprender un contexto más amplio donde influyen los roles de género, la violencia y las presiones sociales. El acompañamiento sensible y empático puede convertirse en un acto de sororidad que transforma la manera en que transitamos las dificultades juntas.

Según el Instituto Nacional de la Salud Mental de EE. UU. (NIMH), las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de desarrollar depresión. Esto se atribuye a factores biológicos, hormonales y sociales específicos de su género. Las fluctuaciones hormonales durante la pubertad, el embarazo y la menopausia pueden influir en el riesgo de depresión en las mujeres.
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Aquí es donde el acompañamiento entre amigas se vuelve crucial: estar presentes, escuchar y validar lo que sienten puede aliviar su carga emocional y reforzar los lazos de confianza.
Acompañamiento con sensibilidad y empatía
La clave no es dar soluciones rápidas, sino escuchar activamente. Frases como “Tal vez no comprenda exactamente lo que sientes, pero estoy aquí para apoyarte” abren la puerta a la confianza. Evita comentarios que minimicen su dolor, como “Podría ser peor” o “Anímate”.

También es importante ofrecer ayuda práctica: acompañar a una consulta médica, preguntar qué necesita en ese momento o simplemente estar disponible. Respetar sus tiempos es fundamental: si no quiere hablar, no la presiones, pero hazle saber que puede contar contigo cuando lo desee.
Gestos cotidianos que sostienen desde la perspectiva de género
Reconocer que el malestar emocional no siempre es individual, sino que puede estar ligado a la desigualdad estructural, es parte de un acompañamiento feminista. Roles de género tradicionales, violencias y expectativas sociales influyen directamente en cómo viven las mujeres su salud mental. Los espacios seguros entre mujeres son vitales.
Pequeños detalles también cuentan: invitar a dar un paseo, compartir una película o tomar un café. Estos momentos refuerzan el mensaje de que no está sola y de que su bienestar importa. Acompañar no significa hacerlo todo sola. Si sientes que la situación te desborda, también puedes buscar orientación profesional para saber cómo sostener mejor a tu amiga sin descuidarte a ti misma. El acompañamiento entre mujeres no tiene que ser perfecto, sino comprometido. Se trata de escuchar con empatía, reconocer el contexto desde una perspectiva de género y mantener la sororidad como base.
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