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El Año de la Mujer Indígena está por llegar a su fin, pero el llamado a reivindicar y hacer justicia social a los pueblos indígenas continúa. Especialmente a las mujeres, quienes han sido invisibilizadas o estigmatizadas en la historia. En la Conferencia Matutina del 30 de septiembre se destacó particularmente a Malintzin.

En la Mañanera realizada el martes 30 de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el programa de actividades “Mujeres del Maíz”. Pero también hizo un llamado a la justicia histórica para reivindicar a las mujeres indígenas de ayer, hoy y mañana. En especial se mencionó el nombre de Malintzin, una mujer a la que injustamente se le conoció por años como “traidora”.
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Siendo el Día Internacional de la Traducción, fecha para celebrar la valiosa labor de las y los intérpretes, la mandataria mexicana enfatizó el papel jugado por la Malinche. No como traidora a los pueblos indígenas, sino como negociadora y puente de comunicación entre dos mundos.
¿Quién fue realmente Malintzin o Doña Marina?
La Conferencia del Palacio Nacional incluyó la proyección de una cápsula informativa sobre Doña Marina. Nacida alrededor de 1500, su lengua materna fue el oluteco, hablado principalmente en Oluta, Veracruz. A una edad temprana, también aprendió náhuatl, y al ser vendida como esclava, se vio obligada a hablar dos dialectos del maya. Además, al ser cautiva de Hernán Cortés, incorporó el español a sus conocimientos lingüísticos.

Es decir, la Malinche sabía hablar cinco idiomas, siendo una mujer sumamente inteligente. Sumado a esto, destacó por su habilidad para negociar, pues fue intermediaria entre los pueblos originarios y los españoles en los tratos más importantes. La historia, sin embargo, eligió distorsionar su imagen. A pesar de que fueron los españoles quienes rompieron muchos de los acuerdos logrados, es a esta mujer indígena a quien deciden etiquetar como traidora.
Justicia histórica, resistencia y supervivencia
Además de la misoginia que implica usar el término “malinchismo”, apelando a una figura femenina para señalar la deslealtad a la cultura nacional, la estigmatización de la figura de Doña Marina hace olvidar que, como se mencionó en la cápsula proyectada en la Mañanera, “Somos descendientes de muchas mujeres como Malintzin”.
Ahora, como sociedad civil, corresponde no limitarnos a esperar actividades como las Danzas de la Malinche o el coloquio “Malintzin Mujer Palabra”, sino cuestionarnos día con día lo aprendido en los libros de historia y en qué papel se ha puesto a las mujeres indígenas.
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