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Es bien sabido que cuando se habla de violencia de género no necesariamente se hace referencia a golpes o insultos de por medio. Por el contrario, puede haber ciertas actitudes o acciones que también pueden representar un nivel de agresión.
Aquí, en Mente Mujer, te explicamos qué es la violencia simbólica y cómo puedes identificarla rápidamente para establecer tus límites.
¿Qué es la violencia simbólica?
Es importante partir de que la violencia simbólica es un tipo de opresión que se ejerce desde las relaciones de poder. Aunque suele ser muy sutil eso no significa que no tenga efectos en quien la sufre.
De hecho, el Consejo Nacional de Población indica que esta violencia impone jerarquías, fomenta la discriminación y además fomenta la desigualdad de género.
Lo más grave de todo es que es muy común en ámbitos cotidianos como el hogar, las escuelas y los trabajos. Una de las principales razones es que son las mismas instituciones —o incluso la familia— las que transmiten ideas, normas, valores y estereotipos que aumentan la brecha de desigualdad.

¿Cómo identificar la violencia simbólica?
De acuerdo con Conapo, una clara manifestación de la violencia simbólica recae en los micromachismos, mismos que se pueden ver en frases como:
- “No trabaja, es ama de casa” cuando una mujer se dedica a labores del hogar.
- “Estás descuidando a la familia” cuando una mujer quiere estudiar o trabajar.
- “Qué suerte que tu esposo te ayude con las labores del hogar”.
Otra forma para identificar este tipo de violencia es echarle un vistazo a los medios de comunicación, ya que no solo reproducen estereotipos de género, sino que también promueven roles en los que por lo general, las mujeres están por debajo de los hombres.
Así puedes frenar la violencia simbólica
Aunque parece muy difícil frenar la violencia simbólica debido a su nivel de normalización, la misión no es imposible. La Conapo propone que para frenarla es importante hacer sencillas acciones como:
- Analizar refranes y canciones que la promueven.
- Evidenciar los micromachismos y eliminarlos.
- Usar lenguaje incluyente.
- No promover ni reproducir discursos que fomenten la discriminación.
- Reconocer nuevas formas de relacionarse.
