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El último domingo de octubre, Daniela Mena busca un sitio cerca del lago en el Bosque de Chapultepec, coloca un pequeño mantel en el pasto, mientras encima pone una pequeña canasta con mandarinas, torres con croissant rellenos de jamón y queso y pan de muerto.
Prepara el terreno para dar inicio al club de lectura “Bosque de Lectoras“, un espacio creado por Daniela hace dos años, en el que se lee sólo a mujeres. En esta ocasión el libro elegido fue “Niñapájaroglaciar” de la escritora colombiana Mariana Matija.
“Me emociona compartir espacio con otras mujeres y que encuentren en ‘Bosque de lectoras’ un lugar no solo para leer, sino para sentirse acompañadas. Me conmueve sentir que aporto un poquito a las actividades de lectura o a la mediación, que ayudo a dar esa visibilidad a autoras“, comparte Daniela Mena, diseñadora y periodista, en entrevista con Mente Mujer.
Este proyecto inició con un llamado en redes sociales. Daniela colocó un mensaje en su cuenta de Instagram: “quiero iniciar un club de lectura ¿alguna está interesada?”. A la solicitud respondieron sus amigas y se organizó el primer picnic en el bosque. Sus amigas corrieron la voz y poco tiempo después otras mujeres formaron parte de “Bosque de lectoras”.
Las redes sociales han sido fundamentales para que esta iniciativa crezca, gracias a un reel en Instagram o un Tiktok más mujeres han logrado encontrar este club de lectura que brinda más que historias, comunidad.

Bosque de lectoras combate la brecha de género en la literatura
“Bosque de lectoras” es un club de lectura que promueve la literatura escrita por mujeres, surgió de la necesidad de compartir con otras personas títulos que Daniela encontraba y de los que quería hablar, pero que no había llegado tan fácilmente a ellos.
“Yo diría que me tomó muchos años de mi vida lectora llegar a novelas, ensayos de autoras. Sabemos que sistemáticamente hay una invisibilización de las mujeres en la historia, el arte, la música, la literatura”, recuerda Daniela.
Un día se planteó la pregunta “¿quién es tu escritora favorita?” y sorprendida se dio cuenta de que no tenía muchas referentes para responderse, como sí los tenía de autores hombres. Desde ese momento comenzó a leer mayoritariamente a mujeres.
“Después de compartir otros espacios de lectura con con otras personas tras pandemia, decidí empezar este proyecto para mujeres que buscaban un espacio seguro. Aunque inició como un lugar para mujeres, tenemos otra modalidad donde todas las personas puedan formar parte, pero seguimos leyendo exclusivamente a autoras”, comenta la periodista de 31 años.
“Bosque de lectoras” tiene dos años de existencia y se ha convertido en una iniciativa que permite conectar de manera distinta con la literatura, pero también conocer otro lado de la literatura acaparada por los hombres.
“Recuerdo estas listas de 100 libros que leer antes de morir o antes de los 30 y muy pocos o casi ninguno eran de mujeres”, condena Daniela Mena.
Daniela Mena combina su pasión por el diseño con su amor por la lectura
Una de las grandes pasiones de Daniela Mena es el diseño, es por ello que cada sesión del club de lectura entrega un kit de lectura que incluye una postal, un separador, un sticker, una bitácora de lectura de cada mes y ejercicios inspirados en el libro.
“Me siento muy cómoda compartiendo con las chicas mis ilustraciones o mis diseños. A medida que voy leyendo los libros con ellas surgen ideas, es parte de mi trabajo pensar gráficamente las ideas textuales o los comentarios que me hacen”, menciona la diseñadora.
Para ella crear un separador o una postal permite que las lectoras tengan una experiencia más allá del picnic, que puedan llevarse materialmente algo de la sesión con ellas. Daniela guarda cada libro que se comparte en “Bosque de lectoras” con el kit que realizó. “Me trae recuerdos muy bonitos, recuerdo lo que comentó alguien sobre el libro, alguna experiencia que nos contó relacionada como a los temas de la lectura”, dice.
La creación de ilustraciones para la postal o el separador que Daniela entrega no es un trabajo sencillo, pues se ha encontrado con libros que son complejos para ilustrar por ejemplo “Triste tigre” de Neige Sinno, en el que la autora habla acerca de su experiencia como víctima de violencia sexual infantil.

Los club de lecturas crean comunidad y acompañan
“Bosque de lectoras” es un proyecto transformador para Daniela, pues cambia la experiencia de la lectura desde el momento en el que te acercas al libro “porque sabes que lo vas a compartir, quizás pones un poquito más énfasis en subrayar las cosas que te interesan, en tomar notas, hacer una lectura más pausada porque sabes que vas a tener un espacio para conversarlo”, menciona.
A pesar de que cada persona hace su propia interpretación del libro se crea una experiencia colectiva al compartir las muchas versiones de la historia, al notar que las conmovieron partes distintas de la historia o que pusieron atención en otros significados.
Daniela reflexiona que “al escuchar a otras voces puedes salir un poco de ese universo del ‘yo mismo’, notas que hay un millón de maneras de vivir una misma historia, ya no solo desde la voz de la narradora o de la autora y la propia, sino la de un montón de mujeres que probablemente venimos de contextos similares, de una zona geográfica similar”.

La magia de los clubs de lectura se encuentra en las conversaciones que abre sobre temas que probablemente no son tan cómodos para conversar en otros espacios, por ejemplo el libro “La vegetariana” de la escritora surcoreana, Han Kang, que permitió que en “Bosque de lectoras” se hablara sobre movimientos sociales. Cuando se leen libros contemporáneos permiten que se reflexione sobre el presente.
“Bosque de lectoras” ha sido una experiencia de la que Daniela ha aprendido mucho. “Al inicio to pensaba que sólo las máximas expertas y literarias podían formar un club de lectura. Pero descubrí que cualquier persona que quiera juntarse con sus amigas, con sus parejas, su familia a leer un libro puede formar un espacio así”, comparte.
Para la joven diseñadora es muy importante democratizar estos lugares y quitarse los prejuicios sobre que los clubes de lectura son espacios muy estudiados y cultos, porque a veces eso no permite que las personas se acerquen. “Cualquiera que sienta o tenga ganas puede formar un club e irlo construyendo en el camino” finaliza Daniela Mena.