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Por: Aída López Sosa
Dicen que los tiempos pasados fueron mejores, pero no para las mujeres. Menos para las que se aventuraban a incursionar en actividades o disciplinas propias del género (o al menos así lo creían) masculino. Desde que Eva se creó a partir de la costilla de Adán parece que se signó el destino de las mujeres, esas que por el apelativo debían y tenían que ser mullidas y suaves, unos “ángeles del hogar”. Seres inferiores desde la matrilinealidad hasta la subyugación heteropatriarcal.
La escritora Evelina Gil rescata del vasto universo en su reciente libro Las calladas del Boom (Nitro Press, 2025),a una veintena de mujeres dedicadas a la escritura, ignoradas por no escribir, a juicio de los hombres, cosas que valieran la pena de ser leídas: “escritura femenina”, como mal clasificaron para justificar su invisibilización. En el prólogo la misma escritora cuenta la inquietud que le causó que en la currícula de la carrera de Letras Hispánicas, solamente encontrara en la asignatura de Literatura Española Contemporánea a “Sor Juana”: “como si se tratara de una monja equis deambulando casual y distraíada en un salón de señores fumadores”. Pero como ella misma apunta, de milagro en milagro fueron abriéndose ventanas para ir leyendo la obra de otras autoras como Rosario Castellanos y Elena Garro encontradas en “Venta de la escoba”, como le llamaban en su natal Hermosillo, Sonora a la mesa donde se ponían los saldos. La aparente ausencia de escritoras la motivó a seguir la genealogía y contemporaneidad con escritores de “El Boom Latinoamericano”, fenómeno editorial y literario que se gestó entre 1960 y 1970.

CALLADITAS SE VEÍAN MÁS BONITAS
Como bien relata Eve Gil en su libro, desde la universidad se planteó la urgencia de localizar a las contemporáneas de los novelistas que conformaban el canon del Boom, esas que los teóricos o historiadores de la corriente literaria omitían a pesar de que en su obra son reconocibles las carácterísticas del “realismo mágico” como: Dulce María Loynaz, Silvina Ocampo, Maria Luisa Bombal, Josefina Vicens, Armonía Somers, Elena Garro, Clarice Linspector, Aurora Venturini, Marta Traba, Rosario Castellanos, María Luisa Mendoza, Inés Arredondo, Luisa Josefina Hernández, Elena Poniatowska, Nélida Pinón, Rosario Ferré, Luisa Valenzulea, Albalucía Ángel, Marvel Moreno y Cristina Peri Rossi, a quienes en un “arranque poetico” les llamó: las calladas del Boom. Cabe destacar que actualmente no todas gozan del reconocimeinto público a pesar de que fueron pioneras. Existen obras que practicamente son imposibles de conseguir, ya sea porque fueron ediciones de autor con tirajes pequeños o porque se quedaron como autoras de nicho sin traspasar más allá de su localidad.
EL PROCESO ESCRITURAL
Eve Gil a través de ensayos bien logrados y amenos retrata en 240 páginas la vida y obra de algunas de las escritoras nacidas en la primera mitad del siglo XX. La visión crítica de la autora es valiosa para conocer a fondo las circusntancias en las que se gestó la obra literaria de estas 20 mujeres que no siempre contaron con el apoyo de sus parejas y menos de sus pares quienes las ningunearon. Eve no cejó en la investigación durante treinta años después de que un maestro en la universidad le dijo de viva voz: “Es que hay muy pocas mujeres escritoras…y las pocas que existen, son muy malas”. A partir de esa afrenta y posterior a sus estudios de género, comenzaron a aparecer como una constelación en la oscuridad del cielo nocturno, los nombres de autoras que una a una le irían develando libros deslumbrantes en los que por fin se miró. Tres décadas después, realizó una rigurosa selección para Las calladas del Boom. Dos de los criterios fueron la contemporaneidad en cuanto a la fecha de nacimiento con los afamados escritores del Boom Latinoamericano y la afinidad estética con estos, resultando epifánico que la obras de ellas, en muchos casos, superaba a la de ellos y que bien pudieron ser incluidas en el movimiento literario y mercadológico. Los ensayos a manera de semblanzas facilita la lectura y aunque la autora guardó una secuencia cronológica en cuanto a las fechas de nacimiento de las escritoras, el lector puede comenzar con el que más llame su atención sin perder la lógica narrativa. Las calladas del Boom es un libro cocinado a fuego lento, un largo proceso que requirió tiempo, dinero (una beca le dio la posibilidad de adquirir material costoso) y la férrea voluntad de darle un lugar en la historia de la literatura a 20 mujeres que en muchos casos pasaron sin pena ni gloria y no alcanzaron el reconocimiento que merecían, alguna de ellas murió joven, otras aún con vida pueden regocijarse de la reinvindicación como la escritora Luisa Valenzuela quien en la contraportada califica la obra de Evelina Gil como un “libro sabio y a la vez entrañable”, destancando el entrelazamiento de lo literario y humano con equivalente sensibilidad entre la pluma de la autora y de las escritoras estudiadas.
OBRA Y RECONOCIMIENTOS
Eve Gil ha publicado cerca de 20 libros de narrativa, ensayo, poesía, dramaturgia y periodismo entre ellos: La reina baila hasta morir, La nueva ciudad de las damas, Evaporadas, las chicas malas de la literatura, Cenotafio de Beatriz y Borrada de Dublín, entre otros.
En 1993 ganó el Premio “La gran novela sonorense” con Hombres necios. En 1994 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Juvenil Fernando Benítez. El suplicio de Adán ganó el Premio El Libro Sonorense en 1996, mismo que repitió en 2006 con el libro de ensayos: Jardínes repentinos del desierto. Paisaje y carácter sonorenses en la narrativa mexicana del siglo XX. Así mismo, en 2006 ganó el Premio Nacional de Cuento Efraín Huerta con el libro Sueños de Lot.
Las calladas del Boom es una invitación de la autora a continuar adentrándonos en el contexto histórico de Latinoamérica para descubrir verdaderas joyas literarias de plumas femeninas. A seguir investigando, leyendo y estudiando a las escritoras para sacarlas del oscurantismo en el que fueron relegadas. Este libro es una luz que ilumina la brecha a todo el que desee ampliar su visión y sus lecturas. Actualmente se ha avanzado, pero siguen pesando factores ajenos a la calidad literaria de autoras que por alguna u otra razón padecen los males del pasado. Ojalá en vida sean reconocidas y no un siglo después descubiertas por una estudiosa como Evelina Gil para inmortalizarlas en las páginas de un libro.

