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Por: Aída López Sosa
“Aquí no suceden cosas de mayor trascendencia que las rosas”
Carlos Pellicer
Como un pétalo encendido se desprende el poemario La pupila infinita de la escritora y artista visual Ileana Garma-Estrella. Editado en 2025 por la Universidad de Nuevo León en la colección Ínsula, está dividido en tres secciones: “Lucas”, “Cláusulas” y “La pupila infinita” que da nombre a la obra y a uno de los poemas.
Ileana se otorga la licencia, la libertad de jugar registrando y creando. El libro es una declaración estética del oficio del magisterio donde el profesor, como Sísifo en el mito griego condenado eternamente a la ceguera por castigo de los dioses y a empujar una inmensa roca cuesta arriba cada día para luego verla rodar de nuevo hacia abajo, vive en una especie de pupa del que no quiere salir para no encontrar flores de sal en los callejones.
Esfuerzo y fracaso suscitándose una y otra vez: “La belleza del fracaso”; salir al mundo para comprobar que las promesas no se cumplen. Salir a desmantelarse o que la vida te desmantele como le dice la maestra a Lucas, al que pregunta, al que insiste en el coloquio sostenido antes de salir al recreo.
El primer poema de largo aliento antecedido por uno del Premio Nobel Jon Fosse en el que expresa que es el niño quien necesita ayuda… ni el perro ni el ángel. El desmantelamiento como sinónimo de impedir, derrumbar, derribar: montes quebradizos, palabras huecas, hojarasca de verbos, cafés ácidos. Entre prosa poética y verso libre Ileana va desmantelando el lenguaje. El espacio se vuelve un libro cuya protagonista no es heroína, sino antiheroína que ha aprendido a sobrevivir con el oxígeno que queda bajo los escombros. Lucas apenas es un púber listo, inquieto, fosforescente, que todavía cree en los héroes y villanos porque aún no ha sido desmantelado. El poemario La pupila infinita sostiene un diálogo intenso con el ensayo El mito de Sísifo del filósofo Albert Camus sobre el absurdo del trabajo pero que no se abandona. Un eterno ir y venir en el que solo con la “ceguera” se puede alcanzar la felicidad, cuyas claves son la aceptación y la pasión.

CLAÚSULAS
Como la poeta Emily Dickinson, quien prologa la segunda sección abordando la dificultad de un capullo para florecer y ofrecerse al mundo, la poesía de Ileana se enmarca en la naturaleza al igual que la poesía de Carlos Pellicer y Alberto Ruy Sánchez. Árboles, ramas, hojas, raíces, flores, pétalos, rododendros y pastos van poblando las páginas adquiriendo distintos significados, metáforas visuales que matizan los avatares de la vida, los sentidos y los deseos. Los niños como rododendros, azaleas de invernadero, esa especie de arbusto cuyas flores arracimadas nos recuerdan a los alumnos en un salón de clase: quisquillosos, infantiles, inmaduros, miedosos, inútiles que no sabrán conservar un contrato.
Así encontramos imágenes como: un espectáculo de pétalos deshechos sobre días vacíos. En relación con la poeta Agota Kristof hace un comparativo entre colocar las ideas en una hoja de papel para que perduren como se coloca un ramo de flores en agua para preservarlas. Se cuestiona por qué no perfecciona nada, sin embargo, el perfeccionamiento de los errores también es un arte. Como bien declara la escritora, su relación con el lenguaje es arborescente, fractal, accidental, poética, lo que le impide impartir la materia de Lingüística, pero no de escribir para sobrevivir.

LA PUPILA INFINITA
La pupila infinita es un túnel. Un error genético, la falta de un aminoácido, quizá de leucina o metionina, que impide el crecimiento del insecto, que la pupa se rompa, a batir de alas de moscas funcionales. un accidente una ausencia genera pupila infinita. En la última sección escrita, la poeta celebra su aversión a los espacios abiertos, su agorafobia centrípeta causada por esa pupila rota. Si bien la función de la pupila es dejar pasar la luz al globo ocular, el tenerla rota impide ver y por ende salir de la pupa semejante al jardín comunitario donde los maestros trazan círculos perfectos yendo y viniendo, celebrando la sagrada paga bajo verdes platanales, pero siempre ahí, impedidos para abandonar ese lugar seguro, garantizado. No hay metamorfosis, no hay desprendimiento, solo el crecimiento hacia adentro, una pupila incapaz de expandirse, solo contraída, días circulares de ramos deshojados. de cristales rotos bajo los pies. Ileana es una poeta avezada por ello mantiene la cadencia y la musicalidad en esta sección a través de la anadiplosis, técnica poética que va enlazando las estrofas: el ultimo verso de una es el inicio de la siguiente.
LA OBRA Y LOS LOGROS DE ILEANA
La literatura de Ileana es profundamente feminista, dando voz a las mujeres jóvenes y adultas, madres solteras y trabajadoras. Inscrita en la literatura humanista como puede apreciarse en el corpus de su obra: Uniformis, Cómo vivir sola después de los cuarenta, Días de fiesta y otros cuentos,29, Ternura, Itinerario del agonizante y La pupila infinita.
Su narrativa y poesía le han valido reconocimientos y galardones como el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez en 2022 otorgado por la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco y el Premio Nacional de Poesía Caza de Letras en 2012 convocado por la UNAM. En su natal Yucatán obtuvo en 2014 y 2015 el Premio Estatal de Cuento: El espíritu de la Letra y en 2008 el Premio Nacional de Poesía Francisco Javier Estrada.
La escritura de Ileana Garma-Estrella es una literatura que confronta al lector. Es introspectiva, a veces descarnada por las cicatrices existenciales. Es un desafío a las certezas para envolvernos en torbellinos de dudas. Plagada de miedos y claroscuros su obra atraviesa la condición universal donde la mujer es solo una pieza utilitaria en el tablero, siempre con la sensación del aniquilamiento físico y emocional por la rutina, por la uniformidad del rol impuesto. El tiempo y la memoria causan estragos, pero la poesía es el faro que da sentido a la existencia. Alivia las heridas. Solo el arte puede atenuar el impacto del dardo en el centro de la pupila.

