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La historia de México también se construyó con mujeres a las que durante mucho tiempo se les narró como acompañantes.
Josefa Ortiz de Domínguez era una mujer culta que se educó en el Colegio de las Vizcaínas.
Siempre se destacó como alumna gracias a su pensamiento cercano a la ilustración.
La chispa de la Independencia de México
Su casa sirvió como punto de reunión para planear la lucha por la independencia de México y su rango como esposa del Corregidor de la ciudad de Santiago de Querétaro permitió disfrazarlo de tertulias literarias sin levantar sospechas.
En 1810, cuando la conspiración de Querétaro fue descubierta, Josefa buscó la manera de avisar a los insurgentes.
El mensaje llegó a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y los hermanos Aldama. La insurrección, que estaba prevista para octubre, se adelantó. La valentía y determinación de Josefa ayudó a cambiar el rumbo de la historia.
Pero su participación no terminó con ese aviso.
Josefa continuó vinculada a la causa independentista hasta el final de sus días, fue vigilada, acusada y encarcelada por las autoridades virreinales.
En 1816 fue recluida en el convento de Santa Catalina y sentenciada a cuatro años de reclusión.
Su papel no fue sólo el de una mujer que “ayudó” a los hombres de la Independencia.
Sino que también fue perseguida por sus propias convicciones políticas, que nunca abandonó, tras ser liberada su casa volvió a servir como punto de reunión para la independencia del país.
