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¿Es posible mantener una postura pacífica y transformar el mundo? La vida de Barbara Deming parece afirmar que sí. Una de las voces más influyentes del feminismo pacifista en el siglo XX, usó tanto la escritura como la desobediencia civil para defender los derechos de las mujeres, la diversidad sexual y las poblaciones racializadas. Te contamos sobre su inspiradora historia e incansable trabajo.

Barbara Deming, nacida en 1917 en Nueva York en una familia cuáquera, fue primero poetisa y pacifista, antes de convertirse en una figura clave del activismo social. Su viaje a la India en 1959 fue un punto de inflexión: allí conoció de cerca las enseñanzas de Gandhi, lo que la llevó a adoptar la no violencia como camino de lucha.
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Desde la década de 1960 se sumó a protestas por los derechos civiles, contra la guerra de Vietnam y contra el armamentismo nuclear. Participó en marchas históricas —como la de San Francisco a Moscú— y fue arrestada varias veces por actos de resistencia civil. Lo hizo siempre con ideales firmes: transformar sin dañar.
Feminismo desde la paz
A lo largo de su vida, Barbara articuló una visión feminista radical de la no violencia. Para ella, resistir sin violencia no era pasividad, sino autoafirmación con simpatía, es decir, defender la propia dignidad sin renunciar al cuidado del otro. Rechazó las jerarquías y abogó por relaciones humanas basadas en igualdad y respeto.
Como autora y activista, escribió ensayos profundamente personales y políticos. Destacan “Prison Notes” de 1966, donde narra su encarcelamiento por protestar; “Revolution and Equilibrium” de 1971 y “We Cannot Live Without Our Lives” de 1974. En ellos, combinó experiencias vividas con reflexión feminista. Para Deming, escribir también era resistir.

El legado de Barbara Deming sigue vivo
Además de su obra escrita, impulsó estructuras concretas para apoyar a otras mujeres. En 1975 fundó Money for Women, un fondo de apoyo a artistas feministas que hoy lleva su nombre: Barbara Memorial Fund. También cofundó Sugarloaf Women’s Village, una comunidad de convivencia feminista en Florida.
Ella entendía que el cambio se construye desde lo colectivo, y su activismo vinculó causas que muchas veces se trataban por separado: el feminismo, los derechos civiles, la justicia racial y la paz.
Un modelo para el presente
Murió en 1984, pero su pensamiento sigue siendo faro para quienes buscan transformar el mundo sin reproducir violencia. En un tiempo donde las respuestas autoritarias ganan terreno, recordar a figuras como Barbara Deming nos permite imaginar otras formas de lucha, más éticas, más humanas.
Su vida demuestra que el activismo feminista también puede construirse desde la ternura, la palabra y la resistencia sin armas. Su legado continúa inspirando a quienes creen en la justicia social como un acto de amor y firmeza.
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