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Cuando el Estado cierra un zoológico y abandona a los animales a su suerte, ¿qué sigue? En Rosario, Argentina, esa pregunta no quedó sin respuesta. La dio Beba Linaro, artista, ambientalista y última directora del zoológico municipal, quien transformó una tragedia institucional en una causa ética: la creación de Mundo Aparte, un refugio de animales único en su tipo.

En 1997, el cierre del zoológico municipal dejó a decenas de animales silvestres en condiciones críticas, confinados en un viejo basural, sin cuidados ni destino claro. Frente a la indiferencia institucional, Beba Linaro tomó una decisión radical: solicitó la tenencia legal de 14 animales que nadie reclamaba. Así, con recursos propios organizó su traslado, alimentación y atención veterinaria.
Entonces nació en 2001 Mundo Aparte, un refugio sin fines de lucro donde hoy habitan cerca de 70 animales —como el mono Martín, el carancho Pololo o el tatú Alexis— que por razones físicas o psicológicas no pueden ser reinsertados en la naturaleza. Pero este espacio no es solo un sitio de cuidado: es un ejemplo de reparación comunitaria.
Mundo Aparte: el arte del cuidado
Lo que distingue a Mundo Aparte de otros proyectos es su enfoque afectivo y multidisciplinario. El equipo voluntario no se limita a cubrir las necesidades básicas de la fauna. También brinda terapias, estimulación personalizada y vínculos emocionales sólidos con cada animal. Linaro conoce cada uno de sus nombres, historias y heridas. Los trata con una sensibilidad que funde su formación artística con el activismo ambiental.

Además de cuidar animales, el refugio concientiza a la población en general. Recibe escuelas, colabora con organizaciones sociales y promueve la educación ambiental desde una ética del cuidado. Su mural “Imagina” —una obra de Linaro— es una invitación directa a empatizar con los seres víctimas del tráfico y el cautiverio.
El legado de Beba Linaro en el activismo argentino
Como directora del zoológico entre 1990 y 1997, Linaro ya promovía cambios estructurales: redujo días de exhibición, liberó especies y denunció prácticas abusivas como los circos con animales. Su compromiso no terminó con el cierre del zoológico; al contrario, se intensificó. Mundo Aparte no solo ofrece un hogar, sino también una lección urgente sobre el abandono estatal y la acción ciudadana como respuesta.
La activista demuestra que la acción colectiva y la sensibilidad individual pueden cambiar el destino de vidas desechadas. En ausencia de políticas efectivas, su iniciativa da testimonio de cómo una red de afecto, voluntariado y compromiso puede sostener un refugio de animales duradero y transformador. En tiempos donde la vida silvestre es relegada y explotada, Mundo Aparte se levanta como un faro de responsabilidad. Su historia interpela a gobiernos, instituciones y ciudadanía. Porque, como enseña Beba Linaro, cuidar también es resistir.
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