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¿Qué hace una joven mexicana tocando el ukelele en un torneo mundial de robótica? Con solo 16 años, Camila Flores, estudiante y artista no solo construye circuitos complejos, también canta “Cielito Lindo” entre competencias internacionales. Su participación en el FIRST Robotics Competition 2025, en Houston, no pasó desapercibida. Representó a México como parte del equipo Stingbots de PrepaTec Santa Anita, y demostró que la ciencia y el arte no están peleados, sino que pueden convivir y enriquecerse mutuamente.

Camila Flores es integrante del área de electrónica en su equipo. Durante el Mundial de Robótica, destacó por su habilidad para explicar cableados, identificar componentes y resolver preguntas técnicas frente a jueces internacionales. Pero más allá de los logros científicos, fue su espontaneidad artística la que captó la atención de asistentes y competidores.
En medio del estrés técnico, Camila sacó su ukelele y comenzó a cantar. Lo hizo en los pasillos del hotel, en ratos libres entre partidos y frente a otros equipos. Su elección musical —como Cielito Lindo— no fue casual: era una forma de representar a México, aliviar tensiones y conectar desde la cultura.
Camila Flores inspira a nuevas generaciones de estudiantes y artistas
Desde pequeña, Camila mostró interés en la tecnología. Su formación STEM la hizo merecedora de una beca en PrepaTec, donde perfeccionó sus habilidades en robótica. Sin embargo, fue durante la pandemia que descubrió otro amor: la música. Aprendió a tocar el bajo eléctrico, luego la guitarra, y ahora canta con soltura. Integrarse al grupo de mariachi escolar fue una decisión que unió sus dos pasiones: ciencia y arte.

En el torneo de Houston, esta joven estudiante y artista no solo brilló por su capacidad técnica. Su ejemplo dejó una huella emocional al mostrar que las mujeres jóvenes pueden ser versátiles, creativas y altamente competentes, tanto en disciplinas tecnológicas como artísticas.
Más que una anécdota: una lección sobre diversidad y representación
La historia de Camila no es solo entrañable; también es profundamente significativa. En un mundo donde aún persisten estereotipos de género en carreras STEM, ella demuestra que las identidades complejas —como ser científica y mariachi— tienen un lugar legítimo en los espacios de innovación.
Al combinar talento técnico con expresión cultural, Camila Flores se convierte en un modelo a seguir para otras jóvenes que quieren explorar lo mejor de ambos mundos. Su mensaje es claro: no hay que elegir entre arte o ciencia, se puede —y se debe— ser ambas cosas a la vez.
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