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Claudia Casillas, conocida en el baile como “Naima Sahar” es un claro ejemplo de que las niñas y mujeres tienen que luchar por aquello que les apasiona.
En entrevista para Mente Mujer, la maestra de danza contó cómo cuando era más joven su familia le cerró las puertas del baile. No obstante, con el paso del tiempo ella las volvió a abril y ahora inspira a más personas.
Esta es su historia.

Claudia Casillas: una amante del arte
Claudia V. Casillas Sánchez, conocida en el mundo dancístico como Naima Sahar (la que es feliz al amanecer), es diseñadora de profesión, así como una maestra y bailarina de vocación.
Su pasión por el arte se puede ver reflejada en el gusto que tiene por los museos, la lectura y las manualidades. También se hace notar en cada video de fusión dancística que realiza con sus alumnas.
Y es que desde siempre ha tenido un gran amor: el baile.
Del Derecho a la Danza
Desde que tiene memoria, Claudia tuvo un gran gusto por el baile, siempre fue la actividad que más le llenaba.
Sin embargo, durante su adolescencia, su familia se alertó cuando les dijo que su mayor sueño era ser bailarina. Bajo el argumento que “de la danza no se vive”, la sacaron de sus clases de baile y la exhortaron a que fuera abogada o contadora.
Ante esta situación, Claudia eligió la carrera de Diseño como profesión y ya en la vida adulto regresó a su pasión: la danza.
“¿De dónde surge mi pasión por la danza? Yo creo que ya la traía. Siempre fue lo que quise ser. Aunque muchos años no pude porque dependía de las decisiones familiares, además de las finanzas, pero siempre quise”.

Una larga trayectoria y de amor
Aunque por mucho tiempo no pudo seguir su pasión debido a los mandatos familiares, Naima Sahar no desistió y con el paso del tiempo fue formando su propia carrera dancística.
Actualmente, entre la danza contemporánea y el belly dance, la profesora lleva más de dos décadas bailando porque ella lo tiene claro: siempre ha querido expresarse por medio del movimiento.
Y es que para ella, la danza es la forma en la que le dice al mundo lo que piensa, siente y quiere.
“También, ha sido muchas muchas veces, una forma de catarsis, a veces, en cuestiones positivas, a veces en cuestiones negativas. Por medio de la danza también se dan procesos de asimilación, duelo y realización”.
Por todas estas razones, la danza ocupa un lugar fundamental en los días de Claudia. Sencillamente es su forma de vivir.
La danza como herramienta de empoderamiento
Además de todo lo que ha implicado en su vida, la danza para Claudia es una herramienta de empoderamiento, debido a que le ha permitido conocerse mejor a sí misma y saber cómo su cuerpo es capaz de transformarse.
El baile también le ha dado poder sobre sus decisiones, capacidad de hacer cambios y transmitir ideas a las demás personas.
“La danza te da poder sobre ti, sobre tu voluntad, porque además se requiere de mucha autodisciplina y eso te desarrolla la voluntad y te lleva a ser poderosa primero que nada contigo misma y después está lo que puedes expresar, transmitir”.

Una gran responsabilidad
Para Claudia es muy hermoso poder ser la inspiración de sus alumnas y de otras mujeres en general. No obstante, también está consciente de toda la responsabilidad que esto conlleva.
“Es una cuestión de responsabilidad, porque el inspirar a otras mujeres no solamente es ‘mira cómo se puede bailar, ahora baila tú”.
De acuerdo con la maestra de danza, es importante tomar en cuenta que en su labor, el cuidado es un valor elemental. Por un lado, para que el cuerpo de sus alumnas permanezca en las mejores condiciones y por otro, para respetar la cultura.
Y es que en el caso del belly dance, es necesario conocer el trasfondo de su origen mientras deja claro que el valor de una mujer no depende del movimiento de sus caderas: “inspirarlas, pero desde los puntos de vista adecuados, es una gran responsabilidad”.
Un sueño de todos los días
La bailarina Naima Sahar está segura de que actualmente vive su máximo sueño todos los días.
Desde su perspectiva, acompañar a otras mujeres en el mundo dancístico le hace recordar su propio proceso.
“Mi máximo sueño es tener lo que tengo: salud, vitalidad para bailar, para estar con mi familia, para disfrutar cada día, porque en la vida he entendido que cada día es una oportunidad”.
Ahora con su trayectoria, ella recomienda que las niñas se esperan para aprender el belly dance, pero que no dejen de bailar. A las mujeres adultas, el mensaje es claro: sin importar la edad, la danza salva.
Para todas, el mayor consejo que da Claudia es que siempre hagan lo que ellas siempre han querido hacer.