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La capacidad de Coral Bracho para unir lo sensorial, lo político y lo existencial en versos invita a pensar y sentir a partes iguales. Su reciente reconocimiento con el XXI Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca confirma su lugar como una de las escritoras más influyentes de la literatura hispanoamericana actual.

Coral Bracho, nacida en 1951 en Pachuca, Hidalgo, es una figura fundamental de la poesía contemporánea. Doctora en Literatura y profesora en la UNAM, ha forjado una trayectoria que mezcla la lírica con el pensamiento crítico. Con un estilo neobarroco y una sensibilidad mística, la poetisa ha convertido su obra en un puente entre lo íntimo y lo colectivo.
Desde la publicación de Peces de piel fugaz en 1977, la escritora ha desarrollado una poesía rica en imágenes, con fuerte carga sensorial y filosófica. Títulos como El ser que va a morir, acreedor al Premio Aguascalientes de 1981 y Ese espacio, ese jardín, ganador del Premio Xavier Villaurrutia en 2003 marcaron hitos en su carrera. Más tarde vendrían Huellas de luz, La voluntad del ámbar, Marfa, Texas, y su reciente Poesía Reunida de 2024, consolidando su legado literario.
Coral Bracho, una voz premiada por su profundidad
En 2024, Bracho fue elegida entre 38 candidaturas para recibir el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, galardón que desde 2004 reconoce el conjunto de la obra de poetas vivos que escriben en español. El jurado destacó en ella “el ritmo del tiempo” y una lírica que fusiona naturaleza, cuerpo y lenguaje.
La ceremonia se celebró en la Huerta de San Vicente, la casa de Lorca en Granada, donde la poetisa definió la poesía como “una búsqueda vital”. Allí resaltó también el valor de una poesía que no se limita a la estética, sino que se compromete con la emoción, la justicia y la memoria colectiva.
Una obra que atraviesa lo poético y lo político
Más allá del reconocimiento literario, la voz de Coral interpela estructuras culturales y sociales. Su lenguaje, lejos de ser abstracto, está cargado de sentido: cuestiona jerarquías, visibiliza sensibilidades silenciadas y celebra los vínculos con lo vulnerable. Por eso su poesía ha sido también leída desde el feminismo y las luchas por la equidad, transformándose en un espacio de resistencia simbólica.
En tiempos de urgencia social y crisis simbólica, la poesía de la escritora mexicana reafirma el valor de la palabra como acto de responsabilidad y construcción social. Su premio no es solo un reconocimiento personal, sino una señal de que la poesía —cuando se escribe desde la verdad— puede seguir siendo una trinchera de belleza y crítica. Coral Bracho es hoy una de las grandes referencias de la lírica en español. Su obra, profundamente humana, confirma que la poesía sigue siendo necesaria: para incomodar, para emocionar y para imaginar un mundo más justo.
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