Share This Article
¿Qué tienen en común una celebridad de Hollywood, una fecha clave en la salud pública y millones de mujeres en riesgo? La respuesta está en un padecimiento que sigue siendo silencioso, mortal y, en muchos casos, evitable: la hepatitis. El 28 de julio se conmemora el día mundial contra esta enfermedad, una oportunidad crucial para entender las barreras de acceso al diagnóstico y tratamiento que afectan especialmente a las mujeres.

Pamela Anderson puso en el centro del debate algo más que su salud. Cuando en 2015 anunció públicamente que había sido curada de hepatitis C, tras más de una década de lucha, su mensaje fue claro: el acceso a tratamientos salva vidas, pero no es igual para todas las personas. Su caso—visible, mediático y afortunado—contrastó con el de millones que no tienen diagnóstico, recursos ni voz. Desde entonces, la conversación sobre esta hepatopatía ha ganado fuerza, pero sigue siendo insuficiente, especialmente si hablamos desde una perspectiva de género.
Hepatitis: una enfermedad global, con impactos desiguales
Hoy, más de 300 millones de personas en el mundo viven con tipo B o C. En 2022, murieron 1.3 millones a causa de complicaciones como cirrosis o cáncer de hígado. Sin embargo, lo más alarmante es que la mayoría ni siquiera sabe que está infectada. Según datos presentados en julio de 2024 por la Organización Panamericana de la Salud (PAHO), solo el 26 por ciento de quienes tienen tipo C y el 21 por ciento con B están diagnosticados. El acceso al tratamiento también es limitado: apenas 20 por ciento de quienes lo necesitan reciben atención curativa.

Esta brecha se profundiza cuando se trata de mujeres. Aunque los datos desagregados por género son escasos, múltiples estudios indican que enfrentan mayores barreras para acceder al sistema de salud por razones culturales, económicas o sociales. Esto significa que, además del peso de la enfermedad, cargan con la desigualdad estructural que impide prevenir o atender a tiempo este padecimiento.
El caso Pamela Anderson: cuando el privilegio salva
Pamela Anderson contrajo el tipo C en 2002 y fue diagnosticada con una expectativa de vida de apenas diez años. En 2015, logró curarse gracias a un tratamiento experimental con Sovaldi, cuyo costo rondaba los 100 mil dólares. Para celebrarlo, publicó una foto desnuda con el mensaje “¡Estoy curada!”, buscando generar conciencia. Ese acto político-mediático expuso una contradicción: curarse es posible, pero no accesible para todas.
Acceso a tratamientos: una deuda pendiente
Mientras algunos países pagan menos de 60 dólares por tratamientos genéricos de 12 semanas, otros deben desembolsar miles. Egipto, por ejemplo, logró reducir la prevalencia del tipo C por debajo del 1 por ciento con políticas públicas efectivas. Pero en América Latina, muchas aún esperan una estrategia similar.
La hepatitis no discrimina, pero el sistema sí. Visibilizar la situación de las mujeres en torno a esta enfermedad no es solo una cuestión de salud, sino de justicia pública. El 28 de julio, Día Mundial contra la Hepatitis, no debe limitarse a ser una fecha simbólica, sino un llamado urgente a derribar barreras estructurales y garantizar que ninguna persona—y ninguna mujer—se quede fuera del derecho a la salud.
Sigue leyendo:
| Mía Cueva: la clavadista que a sus 14 años se posiciona como una de las mejores 10 del mundo
| Opciones para ver teatro feminista en CDMX este fin de semana