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¿Alguna vez te has preguntado por qué a las mujeres se les exige tanto, se les cree menos o ganan menos por el mismo trabajo? Estas no son coincidencias aisladas. Son síntomas de algo mucho más profundo: el patriarcado. Un sistema tan normalizado que muchas veces ni lo notamos, aunque afecta nuestras decisiones, relaciones y oportunidades desde que nacemos.

El patriarcado es un sistema social, político y económico que ha otorgado históricamente el poder y la autoridad a los hombres, subordinando a las mujeres y a otras identidades de género. Esto no significa que todos los hombres dominen a todas las mujeres, sino que hay una estructura generalizada que favorece ciertas conductas, roles y privilegios masculinos, mientras limita y desvaloriza lo femenino y lo diverso.
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Como explica la historiadora Gerda Lerner en “La creación del patriarcado”, esta estructura lleva miles de años formándose y aún hoy se sostiene en nuestras leyes, creencias y costumbres.
Manifestaciones cotidianas del sistema patriarcal
Aunque puede parecer un término abstracto, el sistema patriarcal tiene efectos muy concretos en la vida diaria:
- Brechas salariales: En 2023, las mujeres ganaban un 20 por ciento menos que los hombres por el mismo trabajo, según ONU Mujeres.
- Estereotipos y roles de género: Desde niñas se espera que seamos delicadas, calladas, cuidadoras. Mientras tanto, a los hombres se les exige fortaleza y liderazgo.
- Violencia de género: 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual, según la OMS. Esta violencia no es un problema aislado, es una expresión brutal de desigualdad estructural.
Cómo se mantiene el patriarcado hoy
El sistema patriarcal no necesita imponerse con fuerza visible. Se reproduce a través del lenguaje, los medios de comunicación, la educación y la cultura. Se transmite cuando se le dice a una niña que debe sentarse “como señorita” o cuando una mujer es cuestionada por liderar un equipo.
Incluso los avances logrados por el feminismo —como el derecho al voto, el acceso a la educación o las leyes contra el acoso— conviven con resistencias constantes: el machismo cotidiano, la violencia simbólica, la desigualdad en el trabajo y el hogar.
¿Y ahora qué?
La buena noticia es que entender cómo funciona la dominación patriarcal nos da poder. Poder para cuestionar lo que nos enseñaron. Poder para educar diferente a futuras generaciones. Poder para cambiar estructuras desde lo cotidiano. Desmantelar el sistema patriarcal no es una tarea individual ni inmediata, pero empieza por reconocerlo. Por eso, si llegaste hasta aquí, la pregunta no es solo “¿qué es el patriarcado?”, sino: ¿qué harás ahora que lo ves?
Este artículo te invita a mirar tu entorno con nuevos ojos. Y, tal vez, a iniciar conversaciones incómodas pero necesarias. Porque el cambio no empieza con grandes discursos, sino con preguntas que incomodan y revelan lo que por tanto tiempo se nos enseñó a callar.
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