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¿Has notado que, aunque haya mujeres preparadas, siguen siendo los hombres quienes ocupan la mayoría de los puestos directivos en México? Para entender este fenómeno, es necesario por empezar por conocer el término techo de cristal. Este concepto, aunque ampliamente citado, muchas veces no se explica con claridad. Aquí te contamos su origen, su relevancia actual y por qué sigue siendo un desafío urgente.

El techo de cristal es una metáfora que se refiere a las barreras invisibles que impiden a las mujeres (y a otras minorías) llegar a posiciones de alto nivel en sus carreras, a pesar de tener la preparación, la experiencia y las competencias necesarias.
| 3 veces en que Claudia Sheinbaum rompió el techo de cristal
El término fue acuñado en 1978 por Marilyn Loden, una consultora estadounidense que, durante una conferencia sobre mujeres y liderazgo, señaló que estas barreras no estaban escritas ni eran legales, pero sí eran reales. La expresión ganó popularidad en los años ochenta, cuando el Wall Street Journal publicó una serie de artículos sobre cómo estas limitaciones afectaban a las mujeres profesionales.
Techo de cristal y su vínculo con las barreras estructurales
A diferencia de una ley o norma explícita, esta barrera se sostiene mediante otras que ya son estructurales: estereotipos de género, decisiones organizacionales sesgadas y normas culturales que asignan a las mujeres los cuidados del hogar y no el liderazgo profesional.
Este techo se refuerza con prácticas empresariales poco inclusivas, como el bajo acceso a promociones, la falta de políticas de conciliación entre trabajo y vida personal, y la exclusión en los espacios de toma de decisiones. Todo esto conforma una forma de discriminación vertical: las mujeres no logran ascender en la misma medida que sus colegas hombres.

México en 2025: un techo aún vigente
En México, los datos actuales confirman que esta desigualdad no es una metáfora, es un obstáculo real. Según cifras del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO):
- Las mujeres representan el 43 por ciento de la fuerza laboral, pero solo el 3 por ciento de las empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores tienen a una mujer como directora general.
- En cargos financieros y jurídicos, la representación femenina apenas alcanza el 11 y 23 por ciento respectivamente.
- De las 500 principales empresas del país, solo el 3 por ciento están lideradas por mujeres.
- Además, el 21.7 por ciento de las mujeres han vivido discriminación laboral, según INEGI.
Estos datos reflejan una realidad sostenida por barreras estructurales que colocan a las mujeres en desventaja, incluso cuando sus méritos son iguales o superiores.
El techo de cristal nos muestra que la desigualdad no siempre se impone de manera directa: muchas veces se filtra por los resquicios de la cultura laboral y se normaliza. Visibilizarlo es el primer paso. Romperlo requiere una transformación profunda de nuestras instituciones, nuestras prácticas laborales y nuestros imaginarios de liderazgo. Es una deuda histórica con las mujeres, pero también una apuesta por un país más justo y eficiente.
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