Share This Article
Graciela Herrera es la presidenta de la Asociación Mexicana de Parkinson. Fue diagnosticada desde 2019 y ahora inspira a más mujeres que viven con la enfermedad.
En entrevista para Mente Mujer Graciela compartió cómo es que fue diagnosticada con Parkinson y la forma en la que esta enfermedad se convirtió en una montaña rusa en su vida, ya que si bien le trajo retos, también la llevó a una bella comunidad con la que ahora comparte experiencias.
Esta es su historia.
El diagnóstico de Graciela
Graciela Herrera es una mujer de 66 años. Aunque la madre de dos hijas, pasó gran parte de su vida en Cuernavaca, Morelos, actualmente vive en la capital del país.
Fue en enero de 2019 cuando Graciela comenzó a presentar síntomas de Parkinson. Debido a que una de sus piernas comenzaba a experimentar una serie de vibraciones, su mamá le dijo que acudiera al médico.
A partir de ahí inició una carrera con múltiples especialistas que fueron desde traumatólogos hasta neurólogos. Con el paso del tiempo su diagnóstico se confirmó y a partir de entonces su vida cambió para siempre.
Un antes y un después
Con gran emoción, Graciela recuerda que antes de ser diagnosticada con Parkinson pasaba gran parte del día con sus hijas, especialmente cuando eran pequeñas.
En ocasiones, también trabajaba con sus amigas en agencias de viajes, mientras que en sus tiempos libres le gustaba coser, cocinar y arreglar su casa para ocasiones especiales como Navidad. No obstante, tras ser diagnosticada con su enfermedad, se esfumó una buena parte de la motivación que tenía.
“Las ganas de ponerme a hacer un platillo nuevo o algo No, ya no, ya es es como que es desgastante ya, se te van apagando las ganas de hacer cosas”.
Ahora, en tiempos recientes, Graciela ha visto que su enfermedad ha cobrado fuerza, una situación que ha afectado su movilidad y ha acrecentado el temor de aspectos básicos como salir a la calle.
Aunque hay días en los que no quiere salir y no encuentra motivación para realizar sus actividades, en su vida, hay personas que la han orillado a seguir.

La asociación que la salvó
Aunque al principio fue muy fuerte para ella, la Asociación Mexicana de Parkinson se convirtió en un refugio para Graciela.
Al cobrar las aportaciones que los integrantes realizaban, la mujer tuvo la oportunidad de conocerlos a todos y formar parte de una comunidad con la que se identifica.
Y es que al estar con esta agrupación (de la que ahora es presidenta) Graciela encontró a gente que vive lo mismo que ella. Esta empatía no sólo surge a nivel médico, sino también en todas las experiencias emocionales que cada integrante guarda.
“Encuentras a gente como tú. Que no importa que tiembles, porque la verdad es que no quieres que nadie te vea, primero no quieres que nadie se entere”.

Una montaña rusa de emociones
Pese a que Graciela reconoce que hay días en los que es fácil asimilar lo que significa vivir con Parkinson, también existen otras jornadas en las que se experimenta cansancio por la situación.
Asimismo, la mujer reconoce la importancia que tienen las y los cuidadores, ya que sin importar la edad, siempre están presentes.
“Cuando ves a las mamás, a las hijas, pues sí te conmueve y si algo puedes ayudar, pues lo haces”.

Un camino que inicia del aprendizaje
A través del camino que ha emprendido con el Parkinson, Graciela hace un llamado para que las mujeres que sean diagnosticadas con la enfermedad, investiguen y aprendan lo más que se pueda de ella.
Su más sincera recomendación es que intenten hacer ejercicio, pedir ayuda y lidiar con la depresión que el padecimiento puede provocar.
“Te vas a dar cuenta que no hay vuelta atrás y tienes que hacer algo por tu cuerpo, para tener calidad de vida”.