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¿Cómo un grupo de mujeres logró recuperar un manglar urbano degradado por la contaminación, el abandono e incluso la violencia? La historia de las Guardianas del Conchalito es mucho más que una acción ambiental. Se trata de un ejemplo poderoso de transformación colectiva, justicia social y liderazgo femenino que hoy inspira a comunidades dentro y fuera de México.

Desde 2017, este grupo conformado por 12 a 14 mujeres del barrio El Manglito, en La Paz, Baja California Sur, ha defendido con firmeza el ecosistema costero de El Conchalito. Lo que comenzó como una reacción de protesta ante la tala, la basura y la pesca furtiva, se convirtió en una lucha organizada. Hoy, las Guardianas del Conchalito son referencia nacional de conservación con perspectiva de género.
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El grupo que convirtió la defensa ambiental en una causa feminista
El colectivo, compuesto en mayoritariamente por mujeres trabajadoras de la pesca local, decidió actuar cuando notó el deterioro de un espacio clave para su sustento económico: el manglar. Más allá de las afectaciones ambientales, su lucha también ha sido contra la violencia estructural, el machismo y la invisibilización de su trabajo comunitario.
Desde entonces, patrullan la zona en turnos, limpian los canales de agua, cultivan mangle para reforestación y monitorean especies sensibles. Su trabajo incluye la vigilancia frente a actividades ilegales, muchas veces enfrentando agresiones verbales y amenazas. Sin embargo, las activistas se mantuvieron firmes: “Antes pedía permiso para salir; hoy solo digo ‘vuelvo’”, afirma una de ellas, dejando claro el impacto de su empoderamiento.
Guardianas del Conchalito: más que conservación ambiental
Gracias a la iniciativa de este colectivo, se ha creado la primera unidad de producción pesquera gestionada exclusivamente por mujeres. Han impulsado proyectos de acuacultura, como el cultivo de ostión y callo de hacha, que fortalecen su autonomía económica y contribuyen al desarrollo local sostenible.
Además, han recibido apoyo de organizaciones como Fondo Semillas, IMMujer, Wildcoast y Costa Salvaje, lo que ha permitido ampliar sus actividades hacia el turismo educativo y la observación de aves, fortaleciendo así el tejido comunitario y fomentando la educación ambiental con enfoque de género.
Empoderamiento femenino y transformación comunitaria
La historia de las activistas de El Manglito también es una historia de transformación personal. Participaron en talleres sobre liderazgo, monitoreo ambiental y perspectiva de género, fortaleciendo su voz pública y comunitaria. “Hemos transformado el manglar… y nosotras mismas”, repiten con orgullo.
Hoy, el colectivo no solo ha rehabilitado un ecosistema clave para la biodiversidad. También ha cambiado las dinámicas sociales de su comunidad, generando respeto, autonomía y nuevas posibilidades para las mujeres. Las Guardianas del Conchalito son un ejemplo vivo de que la justicia ambiental y la equidad de género pueden y deben ir de la mano. Su historia es una invitación urgente a reconocer el valor del liderazgo femenino en la defensa de los territorios y el futuro del planeta.
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