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Hoy, en el marco del Día de la Mujer Indígena, te contaremos la historia de una niña valiente que empacó su determinación y emigró a la capital de su distrito buscando prepararse para defender a las mujeres de su comunidad. Hermelinda Tiburcio nunca ha titubeado ante nada ni nadie. Amenazas, violencia y negligencia institucional han sido sólo un reto más para su lucha.

Originaria de Costa Chica, Guerrero, Hermelinda Tiburcio ha denunciado públicamente desde casos de violencia de género suscitados en comunidades hasta violencia institucional. La historia de la activista que hoy conocemos empezó en el corazón de la Montaña Mixteca, donde ella nació y creció.
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El entorno era hostil, especialmente para las niñas y mujeres. La muerte materna, los abusos físicos y psicológicos y el brutal machismo eran una realidad cotidiana. Conforme Hermelinda iba creciendo, más se convencía de que esa no era la vida que quería. Ni para ella, ni para ninguna otra mujer.
El origen de una defensora de los derechos de las mujeres
Con tan sólo once años de edad, la joven Hermelinda se decidió a abandonar su comunidad. Al llegar a Ometepec, pronto consiguió emplearse como trabajadora del hogar y, con estos ingresos, pagar sus estudios. Con los años se ganó un lugar en la educación universitaria, consiguiendo graduarse en Desarrollo Comunitario y Psicología.

A la par de seguirse preparando, la activista se unió al Movimiento Estatal del Consejo Guerrerense 500 años de Resistencia Indígena. Fue en 1999 cuando por primera vez tuvo los ojos de la historia sobre ella. Al denunciar públicamente un caso de abuso sexual de dos mujeres indígenas, se convirtió en la primera mixteca en alzar la voz de esta contundente manera.
Persecución y amenazas: el duro camino de Hermelinda Tiburcio
La atención mediática no tardó en llegar, y tampoco la violenta oposición a su movimiento. Hermelinda enfrentó más de una orden de aprehensión en su contra mientras seguía luchando por los derechos humanos. Pero eventualmente consiguió una demanda de amparo que la liberó de todos los cargos.
En 2003 consiguió garantizar la gratuidad del parto en Guerrero y, en 2007, la nombraron presidenta del Fondo Regional Na savi. A.C. Sumado a esto, se unió a la “Coordinadora Nacional de Mujeres” y de la organización “K’inal Antzetik”. Aunque las amenazas y negligencia institucional continuaron, en 2015 recibió el Reconocimiento Ponciano Arriaga. Hoy, Hermelinda Tiburcio es inspiración para niñas, jóvenes y mujeres para ser el cambio que sus entornos necesitan.
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