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Después de una vida de presenciar la discriminación, violencia y negligencia vividas por su comunidad, Hermelinda Tiburcio tomó una decisión. No sería una testigo pasiva. Así que tomó su valor de equipaje y su determinación como mapa para mudarse a Ometepec y poder prepararse, de manera que tuviera las herramientas necesarias par defender a su gente.

En la Costa Chica de Guerrero, Hermelinda Tiburcio nació y creció en la Montaña Mixteca. Allí presenció una brutal realidad para las mujeres de su comunidad. Machismo extremo, muerte materna, abuso físico y psicológico eran sólo algunas de las manifestaciones violentas del patriarcado. Ese panorama encendió un fuego en ella.
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Con tan sólo once años de edad, Hermelinda decidió irse de lo que conoció como su hogar para buscar la oportunidad de estudiar la secundaria. Fue en Ometepec donde encontró trabajo como empleada del hogar, pudiendo pagar sus estudios. Eventualmente consiguió graduarse en Desarrollo Comunitario y Psicología. Y así, oficialmente inició su incansable labor en la defensa de las mujeres indígenas.
Activismo contra el abuso sexual y otras hazañas
Al tiempo que su formación continuaba, Hermelinda se unió al “Movimiento Estatal del Consejo Guerrerense 500 años de Resistencia Indígena”. En 1999, denunció públicamente el caso de abuso sexual de Victoriana Vázquez Sánchez y Francisca Santos Pablo, dos mujeres indígenas. Fue este acto lo que la colocó en la historia como la primera mixteca en pronunciarse ante tal fechoría.

Tiburcio fue perseguida, pues hubo muchas órdenes de aprehensión en su contra. Pero esto no la detuvo, incluso antes de que una demanda de amparo la liberara de todos los cargos. En 2003 logró que el parto fuera gratuito en Guerrero, y en 2007 fue nombrada Presidenta del Fondo Regional Na savi. A.C. También se integró a la “Coordinadora Nacional de Mujeres” y de la organización “K’inal Antzetik”(Tierra de Mujeres, en tzetzal).
La relevancia de Hermelinda Tiburcio y su valentía actualmente
La defensora de los derechos humanos no sólo ha denunciado casos de violencia patriarcal. También ha hablado en contra de las incongruencias institucionales, como la malversación de fondos. Su lucha no ha sido un campo de rosas. Atentados contra su vida son parte de su realidad, como en el caso del 2014, cuando se le atacó en su domicilio.
En 2015 recibió el reconocimiento Ponciano Arriaga de la CDHDF. En muchas comunidades persisten las violencias que motivaron a Hermelinda Tiburcio a luchar en primer lugar. No sólo merece ser nombrada hoy en día: debe ser inspiración para continuar y propagar los ideales que defiende.
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