Share This Article
Isabela Coppel es una dramaturga, actriz y productora con discapacidad que decidió convertir una mala experiencia en una iniciativa para unir a perros de asistencia con personas que lo necesitan.
En entrevista para Mente Mujer, la joven compartió todo lo que tuvo que pasar tras descubrir que el perro de asistencia que tenía estaba enfermo, así como los pasos que dio para encontrar a otro lomito que realmente le ayudara a recuperar su autonomía de forma segura mientras promueve un cambio en el tema.
Esta es su historia.
El origen de todo
Por un largo tiempo, Isabela Coppel se mantuvo a lado de un perro de asistencia que le ayudaba todos los días. Sin embargo, con el paso del tiempo se dio cuenta de que el lomito estaba enfermo.
Más allá del sufrimiento que la situación implicaba para su perro de asistencia, el hecho de que no estuviera bien ponía en riesgo la integridad de la joven, pues prácticamente hacía todo lo que ella no hacía debido a su discapacidad.
Aunque percatarse de la situación la hizo dudar de ella misma, Isabela no se quedó con los brazos cruzados y comenzó a tomar cartas en el asunto.
Un viaje a Madrid
Luego de todo lo que pasó, Isabela Coppel comenzó una gran búsqueda para encontrar a un perro de asistencia que pudiera ayudarle a su autonomía.
Así fue como llegó a Madrid, España con una asociación de nombre KUNE. La joven recuerda que desde el primer momento que la vio, un perrito llamado Zasca corrió a abrazarla. Ahí todos se dieron cuenta de que era para ella.
“Me ha venido a alegrar realmente la vida después de que me la pasé muy mal con la tristeza de “cómo ayudo a mi perro que está sufriendo’”.

La importancia de Zasca en la vida de Isabela
Más que una mascota o un ser de compañía, Zasca para Isabela se ha convertido en una aliada de todos los días.
Y es que sin el perrito, la joven debería tener a alguien que la acompañara todo el tiempo para realizar sus distintas actividades cotidianas: desde recoger cosas hasta ayudarla a vestirla.
Zasca le ayuda a Isabela a quitarse los pantalones, recogerle cosas, traerle objetos que necesita e incluso le sostiene la puerta cuando lo requiere y pide ayuda en momentos clave. Lo más importante es que en todo momento lo hace con sumo cuidado para no lastimar a la joven.
“Es la diferencia entre poder ir autónomamente a un lugar o no”.
Los altos costos: una gran barrera
De acuerdo con Isabela Coppel, un perro de asistencia implica un gran gasto que difícilmente todas las familias pueden pagar.
A eso le suma que existen distintas organizaciones que no cuentan con las capacitaciones ni herramientas necesarias para entrenarlos y solo lucran con la gente, una situación de la que se percató cuando le dieron a un lomito enfermo.
“Me cansé de que hubiera gente que quería lucrar con eso y no dar la calidad que tenían que dar y que la gente pues buscaba lo que había alrededor y pues no sabían que había otras maneras de buscar”.

Una iniciativa que lo cambia todo
A partir de todo lo que vivió, Isabela tomó la decisión de hacer un cambio.
Sin pensarlo dos veces, la joven comenzó a contactar a personas que estuvieran dispuestas a pagar por perros de asistencia destinados a personas que lo necesiten.
Debido a que mucha gente levantó la mano, la joven abrió una asociación que actualmente conecta a quienes requieren a los lomitos, las organizaciones que los entrenan y patrocinadores que los financien.
No obstante, Isabela hace gran énfasis en que cada persona necesita un perrito diferente con base en sus necesidades.
“Decidí aliarme con quienes a nivel internacional eran los expertos en cada variedad de perro, porque hay expertos en cada variedad y conseguir patrocinadores para que paguen los perros siempre y cuando cumplas con ciertos requisitos”.
Una misión que viene de una gran responsabilidad
Para Isabela Coppel es importante recalcar que los perros de asistencia son más que un adorno o un acompañante que causa sensación en las calles. Todo lo contrario, hace énfasis en que implican una gran responsabilidad y cuidado.
Precisamente por esto, hace un llamado a que las personas contemplen todo lo que implica tener uno de estos lomitos y con base en ello tomen una decisión.
“Más allá de eso es es una gran responsabilidad, es un ser vivo que vas a tener que cuidar toda su vida”.