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Cuando era niña, Karen vio bailar a otras mujeres y supo que ella quería dedicarse a lo mismo. Ahora, por medio del movimiento, se ha convertido en un ejemplo de que el baile es más que pasos: es una herramienta de fuerza y empoderamiento.
En entrevista para Mente Mujer, Karen del Castillo compartió cómo llegó al mundo dancístico, las puertas que el baile le abrió y el mensaje que quiera transmitir para que más mujeres se expresen no desde la perfección, sino desde aquello que aman.
Esta es su historia.

Karen del Castillo: del trabajo a la pasión
Karen del Castillo es una joven que está rompiendo barreras. Estudió Relaciones Internacionales y actualmente se desempeña en el área de Marketing Digital. Sin embargo, hay algo que la mueve desde que era pequeña: la danza.
Y es que para Karen la conexión con las personas y con lo que le gusta es elemental. Precisamente por eso, encuentra en el arte una forma de identidad y de expresión que la hacen ella misma.
Para ella, la danza no es un hobbie, es un estilo de vida que le permite conocer el mundo y todo aquello que lo habita.
“Me gusta muchísimo bailar y para mí la danza no solamente es una práctica artística, sino que también me ayuda mucho a entender el mundo y mi lugar en él”.

Una pasión que nació en la niñez
Llena de emoción, Karen cuenta que la danza llegó a su vida desde que tenía siete años de edad.
Con una claridad que sorprende la joven narra el momento en que ella vio a unas mujeres que bailaban danza regional mexicana. Su zapateado junto con las ondulaciones de sus faldas hizo que ella quisiera hacer lo mismo: expresarse por medio del movimiento.
“Recuerdo haberle dicho a mi mamá ‘yo quiero hacer eso, o sea, yo quiero verme así.” Y bueno, desde ese momento comencé a bailar, desde ese momento comencé a desarrollar todo este amor por este arte que es tan bonito”.

Un estilo de vida que sólo fue en ascenso
De la danza folklórica a la danza contemporánea, el jazz y los estilos urbanos, Karen del Castillo ha ido construyendo una gran carrera dancística.
Sin embargo, no sólo es cuestión de aprender ritmos y pasos. Por el contrario, bailar le enseñó disciplina y resiliencia, le permitió formar carácter y hasta la guió para conocerse a sí misma.
Además de ello, la danza la orilló a conectar con sus raíces y conocer a fondo la cultura mexicana. Por si fuera poco, todo eso le ha permitido representar a México en distintos concursos nacionales e internacionales.

La danza: un lenguaje y una herramienta de empoderamiento
A lo largo de su carrera, Karen ha encontrado en la danza su propio lenguaje con el que puede procesar sus emociones, contar sus historias y conectar con su persona.
Ve a este bello arte del movimiento como una herramienta para expresar todo aquello que no puede decir en palabras. De hecho, de ninguna otra manera.
Sin embargo, la joven también está segura de que la danza es un instrumento de empoderamiento que le ha permitido crear comunidad con otras mujeres y apropiarse de su cuerpo.
“La danza me ha permitido conectar con muchísimas mujeres, crear como comunidad con ellas, aprender de ellas, verlas como una forma de inspiración y considero que también el hecho de poder expresar a través de tu cuerpo rompe barreras y estereotipos sobre el cómo debería de verse una una mujer o el cómo debe de expresarse una mujer o el cómo debe mover su cuerpo a una mujer”.
Así que sí, para Karen, bailar le permite habitar su cuerpo desde tu propia narrativa, y no solamente desde la mirada de los demás.

Una cadena de inspiración
Tal como ella se inspiró en otras mujeres para bailar, a Karen le llena de emoción saber que su labor puede motivar a más personas.
Con cada uno de sus valores y aprendizajes, hace un llamado para que cualquier niña, joven o mujer adulta se anime a bailar sin importar la edad, los estereotipos ni las barreras que históricamente se han impuesto en el mundo del arte.
“Mi consejo para estas mujeres que quieren acercarse a la danza es que no esperen a ser buenas para empezar algo. La danza no es perfección, sino que es expresión”.