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De trabajar como empleada del hogar a viajar más de 500 kilómetros para pelear al lado de Morelos, la historia de Manuela Medina nos recuerda que las mujeres indígenas existen, luchan y enaltecen a México desde antes de su consolidación.

Originaria de Taxco de Alarcón, Guerrero, Manuela Medina fue una de las olvidadas heroínas del proceso de independencia. Antes de ser “La Capitana”, tuvo que abandonar su educación escolar y cambiar los libros por el trabajo del hogar. Desde su trinchera, contemplaba las injusticias y la violencia sistemática vividas por los pueblos indígenas, lo que encendió la chispa de lucha dentro de ella.
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En 1810, después del conocido evento del Grito de Dolores, Manuela no tardó en actuar. Usando su liderazgo sinigual, convenció a su comunidad de unirse a la lucha insurgente. Y así, con una desventaja estructural pero también valentía, se encaminó a recorrer más de 500 kilómetros para sumarse a las fuerzas del general José María Morelos y Pavón.
El origen de “La Capitana”
Tres años más tarde, la Suprema Junta de Zitácuaro le otorgó el grado militar de Capitana. Con este nuevo y merecido título, Manuela tomó a todos los jinetes que pudo y participó activamente en siete campañas de guerra.

Entre los acontecimientos que la hicieron destacar en la historia de México se encuentran la toma de Acapulco, la rendición del Fuerte de San Diego (ambas en 1813) y la batalla en el Rancho de las Ánimas en 1814. Su voluntad de hierro se evidenció cuando, aunque el virrey ofreció indultos a los insurgentes, ella se negó a cambiar de bando.
Vida, lucha y legado de Manuela Medina
La mujer insurgente encontró su final cuando fue herida de gravedad en batalla. Después de un año y medio postrada por las consecuencias del impacto, Manuela finalmente falleció en 1822 en el actual Texcoco. Resalta el hecho de que no dejó el mundo hasta después de la consumación de la causa por la que entregó su vida.
Aunque su nombre permaneció bajo los escombros de la historia hasta 2022, el Congreso del Estado de México propuso poner su nombre con letras doradas en el Salón de Sesiones a modo de homenaje. Hoy, a tan sólo unos días de celebrar la Independencia, repitamos su nombre en nuestro grito de celebración. Manuela Medina fue y sigue siendo ejemplo de justicia, determinación y voluntad.
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