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¿Y si la verdadera monstruosidad no está en las brujas, madrastras y villanas, sino en el sistema que las crea? Esa es la pregunta incómoda que plantea La Hermanastra Fea, un filme que transforma el clásico de Cenicienta en una pesadilla estética. Lejos de la versión clásica, esta historia no busca conmover con magia, sino incomodar con bisturí, parásitos estomacales y un espejo social que refleja sin filtro alguno los resultados del patriarcado.

La ópera prima de Emilie Blichfeldt, “La Hermanastra Fea” es una reinterpretación visceral que mezcla body horror, sátira social y crítica de género. Desde su estreno en Sundance hasta su paso por Berlín, el filme ha provocado reacciones extremas: repulsión, fascinación y muchas reflexiones.
El filme de Emilie Blichfeldt que no deja indiferente
En esta versión, la protagonista no es Cenicienta, sino Elvira, una joven que se somete a mutilaciones y larvas como parte de un proceso para ser “bella” a los ojos del príncipe. La película utiliza el terror corporal como espejo de una realidad: muchas mujeres, sobre todo jóvenes, son víctimas de la violencia estética que exige transformar el cuerpo para obtener aceptación social o amor.
Mientras tanto, Agnes, la figura tradicionalmente idealizada, aparece como una supuesta antagonista. Pero, ¿realmente lo es? Aunque Agnes encarna la belleza normativa, también está atrapada en una cárcel simbólica: debe sostener su perfección, callar sus inseguridades y obedecer una lógica de competencia constante con otras mujeres.
¿Quién es la verdadera víctima en “La Hermanastra Fea”?
La crítica ha señalado a Agnes como “arrogante” o “enemiga de la sororidad”. Sin embargo, desde la mirada del feminismo, es más justo verla como otra víctima del mismo sistema que destruye a Elvira. Ambas compiten por la atención masculina, ambas son moldeadas por estándares imposibles y ambas sufren, aunque de formas distintas.
Lo interesante del filme de Emilie Blichfeldt es que no propone heroínas ni villanas. Simplemente muestra cómo el sistema patriarcal enfrenta a las mujeres entre sí, creando jerarquías artificiales basadas en la belleza, y dejando heridas reales —emocionales y físicas— en el camino.
Una mirada crítica desde el horror
La película de Emilie Blichfeldt no es solo el filme de body horror más impactante del año. Es un ensayo visual sobre cómo las violencias estéticas se normalizan, cómo la sororidad se rompe desde la infancia, y cómo la búsqueda de aceptación puede deformar más que un bisturí.
Su narrativa apuesta por imágenes brutales, pero no gratuitas: orejas cortadas, larvas de parásitos estomacales y filtros “celestiales” generan un contraste que denuncia la crueldad disfrazada de belleza.
“La Hermanastra Fea” no busca perturbar y ya: invita a pensar. A repensar el cuento de hadas, la belleza, la competencia entre mujeres y el precio de complacer al sistema. Es una película que sacude, no solo por sus imágenes, sino por su veracidad disruptiva y mirada feminista. En un mundo que castiga a las mujeres por no encajar o por navegar con la corriente, este filme ofrece una advertencia necesaria: el verdadero monstruo no es Elvira, ni Agnes, sino el molde que las rompió.
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