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Las Nombramos Bordando es una iniciativa que transforma cada puntada en una herramienta de memoria y protesta frente a la violencia de género en Morelos. Este colectivo, liderado por María Antonieta De la Rosa, utiliza el bordado para honrar la vida de mujeres víctimas de feminicidio y visibilizar la impunidad que persiste en muchos casos.

Fundado en 2020 tras el feminicidio de Ingrid Escamilla, Las Nombramos Bordando surgió con un objetivo claro: nombrar a las víctimas mediante el bordado, convirtiendo cada pieza en un acto de visibilización y denuncia. Cada puntada lleva nombres y fechas de asesinato, recordando que detrás de las estadísticas hay historias de vida truncadas por la violencia.
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El colectivo no solo crea mantas y parches; sus obras circulan por espacios públicos y se envían a otras partes del país, generando una red de memoria colectiva que conecta comunidades, activistas y artistas comprometidos con la justicia social. En este proceso, el arte textil se convierte en un lenguaje que comunica lo que a veces las palabras no alcanzan.
“Constelaciones y suturas”: bordado con propósito
Una de las obras más representativas del colectivo es “Constelaciones y suturas”, donde María Antonieta De la Rosa utiliza el bordado para expresar las heridas abiertas por la violencia de género y la necesidad de repararlas. Exhibida en el Jardín Borda, esta pieza invita a reconocer a las víctimas como individuos con historias y derechos, resaltando la importancia de la memoria como instrumento de justicia.

Cada hilo bordado funciona como un acto de resistencia, un llamado a la sociedad para no olvidar y para comprometerse con la prevención de los feminicidios. El arte textil, en este contexto, se transforma en un espacio de reflexión y acción, donde el cuidado, la paciencia y la visibilidad se entrelazan.
Las Nombramos Bordando: Un llamado colectivo a la acción
A través de Las Nombramos Bordando, María Antonieta De la Rosa invita a la sociedad a reconocer la violencia de género como un problema estructural y a comprometerse con la memoria y la justicia. Cada manta, cada parche, cada puntada es un recordatorio de que el bordado puede ser un acto político y transformador.
El colectivo continúa su labor, tejiendo nombres y fechas, fortaleciendo una red de resistencia que desafía la indiferencia y exige cambios reales en la atención y prevención de la violencia contra las mujeres. Así, Las Nombramos Bordando demuestra que el arte textil no solo decora: protege vidas, honra recuerdos y construye conciencia social.
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