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Hoy te contaremos la historia de Las Sabinas, un grupo de mujeres y disidencias que, tras enfrentar violencia de género, decidió tomar el espacio público y resignificarlo a través del arte. Esta colectiva, nacida en la periferia del Estado de México y la zona metropolitana de la capital, se ha convertido en una voz imprescindible para comprender cómo el artivismo puede sanar, acompañar y visibilizar realidades muchas veces silenciadas.

El nombre de Las Sabinas se inspira en el mito romano de las “Sabinas”, mujeres que fueron secuestradas y que, pese a la violencia vivida, se convirtieron en símbolo de resiliencia. Con esa fuerza, el colectivo se fundó formalmente alrededor de 2018 y hoy es referente en el trabajo con sobrevivientes de violencia sexual.
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En vez de limitarse a ser un grupo de denuncia, articulan acompañamiento psicosocial, creación artística y construcción de comunidad. Su misión es clara: transformar la experiencia de la violencia en procesos de sanación y justicia reparativa.
Las Sabinas: arte, acompañamiento y justicia reparativa
El trabajo del colectivo se centra en dos ejes. Por un lado, ofrecen atención a sobrevivientes de violencia de género mediante espacios de apoyo emocional, asesorías y orientación inicial para evitar la revictimización. Por otro, recurren al artivismo: murales, grafitis, estencils y performances en el espacio público, con los que nombran la violencia y generan narrativas de resistencia compartida.

Este colectivo no se limita a la expresión artística. También impulsa protocolos de seguridad, talleres comunitarios y creación de espacios seguros. Su labor ha sido respaldada por la Iniciativa Spotlight, que les ha permitido fortalecer su acción digital y territorial.
Retos en la periferia
Trabajar desde la periferia implica enfrentar múltiples obstáculos: falta de acceso a servicios públicos, hostigamiento por su visibilidad, recursos limitados y un sistema judicial que muchas veces discrimina a las mujeres. El colectivo denuncian estas barreras y las convierten en motor de cambio, proponiendo alternativas desde la colectividad. La importancia de su labor radica en que abren caminos donde el Estado no llega. Su impacto se mide en:
- Visibilizar la violencia de género en territorios periféricos.
- Ofrecer acompañamiento humano y sensible a cada sobreviviente.
- Transformar el dolor en expresiones artísticas que fortalecen el tejido comunitario.
- Generar redes de solidaridad y esperanza para que ninguna mujer se sienta sola.
Más que un grupo, representan un movimiento: el de las mujeres y disidencias que no aceptan el silencio impuesto y que, con arte y comunidad, reclaman un lugar en la memoria colectiva. Esta historia demuestra que la justicia también puede construirse desde la creatividad, la empatía y la organización. En un país donde la violencia de género sigue siendo estructural, la existencia de Las Sabinas es un recordatorio poderoso: el arte también puede salvar vidas.
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