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¿Puede un video de sopa convertirse en una obra literaria? En la era de los tutoriales de cocina y la viralidad instantánea, Mandoka ha logrado algo poco común: transformar una tarea doméstica tradicionalmente feminizada en una forma de arte narrativo. Con más de 3 millones de seguidores en TikTok e Instagram, esta creadora venezolana ha hecho de la gastronomía un espacio de belleza, introspección y resistencia simbólica.

Desde sus primeros videos, Mandoka —nombre artístico de María Paola Núñez— supo que su cocina no sería convencional. Aunque no es chef profesional, su propuesta estética y emocional conectó profundamente con una audiencia global.
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Su contenido no se basa en técnicas sofisticadas ni en fórmulas infalibles, sino en relatos que acompañan cada receta como si fueran pequeños cuentos íntimos. En su sopa de tomate rostizado, por ejemplo, la voz en off nos dice: “si tuviera género, sería femenino”. Así, cocinar no es una instrucción, sino una declaración.
Mandoka: una influencer culinaria que humaniza los fogones
Lejos de reproducir estereotipos sobre la mujer en la cocina, la artista culinaria le da vuelta al guion. Lo que durante siglos fue exigido como deber, ella lo resignifica como creación propia. En sus videos, la cocina no aparece como carga ni rutina, sino como lenguaje. Es una fiesta artística donde los sentidos —vista, olfato, oído, gusto y tacto— son los invitados de honor. Desde su cuenta como influencer culinaria, no se limita a mostrar ingredientes: narra historias, evoca sentimientos y activa memorias.

Este enfoque alcanzó un nuevo nivel con la publicación de su libro Cuentos de Cocina en diciembre de 2024. En él, mezcla más de 80 recetas con ilustraciones, listas de reproducción musicales y textos literarios. Cada plato es también una atmósfera. No es solo un recetario: es una invitación a sentir y pensar lo que cocinamos.
Estética, comunidad y lenguaje propio
Durante la pandemia, comenzó como muchas otras creadoras: grabando desde casa. Pero su evolución fue singular. Su estilo visual renacentista, los planos suaves, la música íntima y una voz narrativa cálida crearon un sello inconfundible. En tiempos de velocidad y consumo inmediato, su contenido pide pausa, atención y conexión. El estilo de la artista culinaria no explota la perfección ni la productividad. Apuesta por el disfrute, la calma, el sentido. Es por eso que su comunidad la sigue con lealtad: porque ofrece refugio, no exigencia.
María Paola Núñez representa una nueva forma de ocupar el espacio público desde la cocina. No como imposición de género, sino como creación que trasciende. Con su sensibilidad, propone una ciencia cotidiana del cuidado, una estética de lo mínimo y una poética de lo ordinario. Mandoka no enseña solo a cocinar: enseña a mirar distinto. Su legado se sigue construyendo, y no es una receta viral. Es una forma de contar historias desde lo que hierve en la olla. Y eso, en sí mismo, es profundamente revolucionario.
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