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En el corazón del desierto de Sonora, una historia rompe con siglos de tradición. María Astorga, de 80 años, ha sido elegida como la primera mujer en presidir el Consejo de Ancianos de la Nación Comca’ac. El cargo hasta ahora había sido exclusivo de hombres. Su llegada abre un nuevo capítulo en la defensa de la cultura Seri y en el papel de las mujeres dentro de las estructuras comunitarias.

Antes de asumir este rol histórico, María Astorga ya era ampliamente reconocida como sanadora y maestra. Su experiencia en medicina tradicional y educación rural la ha convertido en una figura clave para preservar la lengua Seri —Cmiique iitom— y transmitir conocimientos que van desde leyendas orales hasta celebraciones ancestrales. Ella misma lo resume con claridad:
“Mi cargo es la cultura, las celebraciones tradicionales… yo no doy malos consejos… no me gusta la maldad, sino preservar nuestra riqueza cultural”.
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Su labor también incluye enseñar canto, danza e indumentaria tradicional, con una visión preventiva: fortalecer la identidad cultural para alejar a la juventud de las adicciones y la violencia.
María Astorga y su papel como puente generacional
El nombramiento de María Luisa coincide con la llegada del gobernador tradicional más joven en la historia Comca’ac, lo que ha creado una sinergia intergeneracional. Juntos impulsan la revitalización de usos y costumbres, en un momento en que muchos jóvenes ya no hablan la lengua materna y se expresan únicamente en español.

La nueva presidenta no solo transmite tradiciones; también encarna un liderazgo adaptado a los retos contemporáneos, consciente de que la cultura es un escudo frente a las amenazas externas y una herramienta de cohesión social.
El contexto de la comunidad Comca’ac
La Nación Comca’ac vive entre el desierto de Sonora y el mar de Cortés. Su aislamiento geográfico permitió conservar gran parte de su riqueza cultural, pero también trajo desafíos como el acceso limitado a recursos básicos. Actualmente, el Plan de Justicia Seri avanza con proyectos como un acueducto entre El Desemboque y Punta Chueca, becas estudiantiles, apoyos alimentarios y programas para adultos mayores.
Romper una barrera de género en una comunidad con normas tan arraigadas no es un logro menor. La elección envía un mensaje claro: las mujeres pueden y deben ocupar espacios de decisión en la vida comunitaria. Ella lo hace sin perder de vista su misión principal: preservar y fortalecer la identidad cultural de su pueblo.
A sus 80 años, esta sanadora y maestra demuestra que el liderazgo no tiene edad y que la tradición puede caminar de la mano con la renovación. El legado de María Astorga no solo quedará en la memoria oral de los Comca’ac; será también un referente para quienes creen en el poder transformador de las mujeres en sus comunidades.
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