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¿Qué une una enfermedad devastadora y un proyecto lunar de la NASA? La clave está en el nombre Esperanza, el eje central de la vida de María Jesús Puerta. Esta ingeniera española ha logrado lo impensable: obtener reconocimiento internacional en un prestigioso concurso científico mientras lucha con determinación contra el cáncer de mama. Su trayectoria es un ejemplo de fortaleza feminista y compromiso.

María Jesús Puerta es ingeniera de minas. Recientemente se convirtió en la única ganadora internacional de la primera fase del Lunar Recycle Challenge, un concurso organizado por la NASA que busca ideas sostenibles para la exploración lunar. Su propuesta, llamada Esperanza, fue seleccionada entre más de mil 200 proyectos de 80 países.
El sistema diseñado por Puerta es capaz de transformar residuos lunares y humanos en recursos aprovechables, como metales, plásticos, combustibles y una especie de “hormigón lunar”. La propuesta se apoya en ua simulación virtual que utiliza inteligencia artificial para automatizar procesos como la separación magnética, la fundición, la pirólisis y la mezcla con regolito lunar, con base en datos reales de misiones Apolo.
María Jesús Puerta y la doble batalla: ciencia y salud
Lo más sorprendente de esta historia es que, mientras desarrollaba Esperanza, enfrentaba una batalla muy distinta: el cáncer de mama. La enfermedad no la detuvo. Ella transformó su vivencia personal en una fuente de energía para seguir creando. De hecho, el nombre del proyecto también homenajea a una herramienta de IA médica de código abierto que desarrolló para detectar ese tipo de cáncer de forma temprana y precisa.

Su motivación no es el reconocimiento ni los premios. Lo ha dicho con claridad: lo hace para demostrar a sus hijos que, incluso sin recursos ni apoyo, es posible contribuir a la ciencia global. Desde un ordenador antiguo, sin financiación institucional, y sin acceso al premio económico del concurso por no ser residente de los Estados Unidos, esta ingeniera desafía los márgenes del sistema con inteligencia y coraje.
Una historia que inspira
Ahora, María Jesús busca apoyo económico para construir el prototipo físico de Esperanza y continuar a la segunda fase del Lunar Recycle Challenge. Aunque no podrá optar al premio final, su objetivo es mayor: demostrar que desde España —y desde la adversidad— se puede liderar la innovación científica con compromiso social.
La historia de María Jesús Puerta rompe estereotipos: ser mujer, madre, paciente oncológica e ingeniera no son obstáculos, sino parte de una biografía que redefine qué significa hacer ciencia con propósito. Su lucha, desde el cuerpo y desde la mente, abre caminos para pensar una investigación tecnológica más humana y accesible. Su ejemplo es claro: la Esperanza también puede ser una forma de resistencia.
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