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¿Puede una voz transformar la manera en que un país mira sus raíces? La historia de María Reyna González nos responde con un sí rotundo. Conocida como La Soprano Mixe, esta cantante oaxaqueña ha convertido el escenario en un espacio de resistencia cultural, donde el mixe, el zapoteco, el náhuatl y otras lenguas originarias cobran vida con fuerza y dignidad.

Nacida en Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca, en 1990, María Reyna González creció rodeada de música comunitaria y del sonido de su lengua materna: el ayuuk. A los ocho años ya cantaba en el coro de su escuela y, a los quince, tomó una decisión que cambiaría su destino: mudarse a Guadalajara para estudiar canto de manera formal.
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Su camino no fue sencillo: al inicio enfrentó dificultades con el español, lo que marcó un reto adicional en su formación académica. Sin embargo, la disciplina y su pasión por el canto la llevaron a estudiar bel canto, canto sacro y técnicas clásicas con maestros como Joaquín Garzón Rivera.
María Reyna González y el proyecto “Ópera Mixe”
En 2014 nació Ópera Mixe, un proyecto artístico que mezcla la ópera con géneros como el jazz, el bolero y la música tradicional mexicana, siempre enraizado en las lenguas indígenas. Con este trabajo, la Soprano Mixe no solo se consolida como cantante, también como embajadora cultural. Su álbum “Orgullosa” soy raíz reúne 13 piezas en idiomas originarios, entre ellas Täak’Unk (“Madrecita”), compuesta por su abuelo, demostrando que el arte puede ser al mismo tiempo memoria y creación.

La trayectoria de María Reyna no se limita a los auditorios. Ha llevado su música al Palacio de Bellas Artes, al Auditorio Blas Galindo del CENART y a festivales internacionales, pero también a comunidades indígenas, creando un diálogo horizontal entre lo local y lo global. En cada presentación, reivindica que las lenguas originarias no son reliquias del pasado, son voces vivas que merecen respeto y proyección.
El poder transformador de la Soprano Mixe
Más allá de su talento técnico, su labor tiene un profundo significado social. Ser mujer indígena y cantante de ópera implica desafiar estereotipos: cuestiona la idea de que las lenguas maternas están destinadas a la desaparición y muestra que el arte puede ser una herramienta de empoderamiento. Con iniciativas como Canto a la Raíz, genera cápsulas audiovisuales en redes sociales para acercar a nuevas audiencias a las lenguas originarias a través de música y poesía.
La historia de María Reyna González es la prueba de que el arte puede ser identidad, resistencia y esperanza. Ella no solo canta: abre caminos para que otras mujeres indígenas encuentren en la cultura un espacio de dignidad y reconocimiento. Su voz nos recuerda que México es un país multilingüe, y que cada lengua que se preserva fortalece nuestra memoria colectiva.
Hoy, la Soprano Mixe es más que una cantante: es símbolo de la fuerza femenina indígena y de la importancia de valorar nuestras raíces. Con cada interpretación, nos invita a escuchar lo que a menudo se quiere silenciar: que las lenguas indígenas siguen vivas, y que merecen ser celebradas.
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