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Este 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, es una oportunidad para hacer visibles los distintos retos que enfrenta este sector de la población. Uno de ellos tiene que ver con la salud menstrual de las mujeres.
Aquí, en Mente Mujer te compartimos cuál es el panorama que viven las niñas, adolescentes y mujeres con discapacidad al momento de ejercer su derecho a una menstruación digna.
Falta de acceso a servicios básicos
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) explica que uno de los principales retos que las niñas y mujeres con discapacidad enfrentan en su salud menstrual tiene que ver con el acceso a las instalaciones adecuadas.
Dicha situación se hace más evidente en comunidades con vulnerabilidad en la que la falta de servicios básicos como agua o saneamiento representan una gran barrera para las personas menstruantes.
Basta pensar que, con base en un estudio a 12 países, ONU Mujeres determinó que 1 de cada 10 mujeres y niñas no contaba con un espacio privado para sus labores de aseo y salud mientras estaban en su periodo.

Necesidades físicas
Dependiendo de la discapacidad que tengan, las niñas y mujeres enfrentan distintos retos al momento de ejercer su derecho a la salud menstrual.
Un claro ejemplo de ello son las personas con algún impedimento en la parte superior de su cuerpo, quienes presentan dificultades al momento de colocar los productos de higiene íntima. O las mujeres con discapacidad visual que no pueden comprobar si tuvieron una limpieza adecuada.
De ahí la importancia de que existan espacios y productos adecuados para mujeres con discapacidad.
Desinformación y tabú
Si de por sí, el tema de la menstruación sigue siendo un tabú en distintas partes del mundo, para las personas con discapacidad lo es más.
La Unicef señala que las personas con discapacidad menstruantes enfrentan un doble estigma. Según el organismo, este proceso natural es motivo de vergüenza para las niñas y mujeres con discapacidad y tiene consecuencias reales como el aislamiento social o incluso, la esterilización forzada.
“A menudo se supone que las niñas con discapacidad no menstrúan, de modo que es necesario realizar tareas educativas a fin de disipar creencias erróneas en torno a la discapacidad y la menstruación”, dice la Unicef.

Ante esta situación, distintas activistas y organizaciones han hecho un llamado urgente: que desde las políticas públicas se garantice una salud menstrual digna y accesible para todas.