Share This Article
El camino para que la voz de los pueblos indígenas llegue a las Naciones Unidas ha sido largo, y en muchos casos, peligroso. Patricia Gualinga, líder indígena de Ecuador, lo sabe mejor que nadie. Su trayectoria como defensora del medio ambiente y de los derechos colectivos la ha llevado a convertirse en la primera mujer amazónica elegida para representar a los pueblos indígenas en el Foro Permanente de la ONU. Su historia es un paso crucial hacia la justicia climática y cultural.

Patricia Gualinga nació en 1969 en Sarayaku, en la Amazonía ecuatoriana. Desde joven se involucró en la defensa de su territorio y el fortalecimiento del rol político de las mujeres indígenas. Como líder Kichwa, dirigió durante seis años el grupo de mujeres de su comunidad, impulsando procesos de formación, autonomía y liderazgo.
Pero su trabajo no se ha limitado al ámbito local. En 2012, representó a Sarayaku ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en un caso emblemático que sentó jurisprudencia: el Estado ecuatoriano fue condenado por permitir actividades petroleras sin consulta previa. Patricia demostró entonces que el liderazgo indígena también es jurídico y estratégico.
Patricia Gualinga en la ONU: una voz necesaria
El pasado 17 de junio, Patricia fue elegida para integrar el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU, con un mandato de dos años a partir de 2026. Esta designación, histórica por su procedencia amazónica, no fue hecha por ningún gobierno: fue el resultado de la decisión de las propias comunidades indígenas.

Desde este espacio, la activista asesorará al Consejo Económico y Social (ECOSOC) en temas clave como derechos sociales, participación política y consulta previa. Su misión será amplificar las demandas de los pueblos indígenas frente a gobiernos y corporaciones, especialmente en materia ambiental.
La amenaza sigue: violencia y abandono
Aunque reconocida internacionalmente, Patricia ha enfrentado serias amenazas. En 2018, fue atacada en su propia casa con piedras y amenazas de muerte. Desde entonces, vive desplazada por razones de seguridad. Además, su comunidad convive con explosivos abandonados por una petrolera en los años 90, que aún no han sido removidos, pese a la sentencia favorable de la CIDH. Esto evidencia la clara negligencia institucional vivida por los pueblos originarios, obstáculo que no ha frenado a la lideresa.
Una de las iniciativas más potentes que impulsa Gualinga es Kawsak Sacha, o “Bosque vivo”, una propuesta que reconoce a la selva como sujeto de derechos. No se trata sólo de conservar la Amazonía, sino de comprenderla desde el conocimiento ancestral, como una entidad viva y sagrada.
Una voz que incomoda, pero que no se calla
Patricia ha cuestionado las falsas soluciones climáticas, como los mercados de carbono, y ha señalado la indiferencia global ante la crisis ecológica: “¿Hasta cuándo serán cómplices?”, preguntó con firmeza.
La elección de Patricia Gualinga en la ONU representa un cambio de paradigma. Su liderazgo no se impone desde el poder, sino desde la resistencia y la dignidad. Hoy, su voz resuena en el escenario internacional, pero su mensaje es claro: los derechos de los pueblos y de la naturaleza no son negociables.
Sigue leyendo: