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¿Sabías que un término que nació como espacio de apoyo a personas solitarias terminó por convertirse en una de las comunidades digitales más asociadas al odio hacia las mujeres? Ese es el caso de incel, una palabra que cada vez aparece más en medios y conversaciones sobre violencia de género.

El término incel proviene de la abreviación en inglés involuntary celibate o “célibe involuntario”. Se refiere, sobre todo, a hombres heterosexuales que sienten que no pueden tener relaciones románticas o sexuales pese a desearlo.
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Originalmente, en los años 90, una mujer canadiense llamada Alana creó un espacio virtual para compartir experiencias de soledad. Su intención era ofrecer acompañamiento. Sin embargo, con el paso de los años, algunos foros dejaron de ser lugares de apoyo y se convirtieron en focos de resentimiento y discursos misóginos.
Incel y la manosfera: del aislamiento al odio
Hoy, este fenómeno es parte de lo que se llama la “manosfera”: un ecosistema de comunidades masculinas online que cuestionan el feminismo y refuerzan estereotipos machistas. En muchos de estos espacios se difunden ideas peligrosas: que los hombres tienen un “derecho al sexo” o a la atención de las mujeres, y que el rechazo constituye una injusticia. Desde esta lógica, el feminismo y la autonomía femenina son percibidos como enemigos.
Allí emergen expresiones deshumanizantes como femoids o roasties, que reducen a las mujeres a objetos. Esta retórica conecta directamente con el machismo estructural: una cultura que normaliza el desprecio hacia las mujeres y justifica la violencia simbólica y física.
¿Por qué se asocia al machismo?
El vínculo es claro: el ideario nace en un terreno ya marcado por el patriarcado. La expectativa de que las mujeres deben satisfacer deseos masculinos refleja normas machistas históricas. De hecho, investigaciones recientes muestran el nivel de riesgo.
La Universidad de Exeter en 2023 analizó millones de publicaciones y detectó un aumento en lenguaje violento y alusiones a ataques después de hechos como el de Toronto en 2018. Un estudio en PubMed revisó 22 mil comentarios y halló que se justificaba la violencia sexual como forma de “venganza”. Por su parte, en Reino Unido, el programa Prevent reportó 77 casos vinculados con ideología incel en 2022, frente a casi ninguno en años previos. Por si fuera poco, en Australia, se atribuyen a incels al menos 50 muertes desde 2014.

Estos datos confirman que no hablamos de casos aislados, sino de una tendencia preocupante que combina misoginia, resentimiento y violencia.
Salud mental y riesgo social
Otro elemento relevante es la salud mental. De acuerdo con la Universidad de Swansea, muchos incels reportan altos niveles de depresión y pensamientos suicidas. Aunque solo un 5 por ciento aprueba explícitamente la violencia, la normalización del discurso hostil puede escalar a agresiones reales.
El fenómeno ilustra cómo la violencia simbólica puede convertirse en violencia real, y cómo las narrativas de “célibe involuntario” se alimentan del machismo estructural. No todos los que se identifican como incel ejercen violencia, pero los estudios muestran un incremento en discursos extremos y riesgos de radicalización. Reconocerlo no es estigmatizar, es abrir la puerta a soluciones: desde apoyo en salud mental hasta la necesidad de desmontar creencias que sostienen la desigualdad de género.
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