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Seis mujeres indígenas compleatron más de 500 kilómetros, corriendo, día y noche, en el desierto. Esta fue la hazaña realizada en el maratón de Los Ángeles a Las Vegas, donde la resistencia física se mezcló con la dignidad cultural y la lucha por visibilidad.

El reto en el maratón de Los Ángeles a Las Vegas tuvo nombres y rostros propios: Verónica Palma de 34 años, Ulisa Fuentes de 25, Isadora Rodríguez de 46, Lucía Nava de 27, Rosa Para de 29 y Argelia Orpinel de 40. Todas ellas forman parte de la comunidad rarámuri de la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, México, conocida mundialmente por su tradición de correr largas distancias.
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En esta edición de The Speed Project, cada una corrió alrededor de 90 kilómetros, sumando juntas más de 540 kilómetros en relevo. El punto de partida fue el muelle de Santa Mónica en Los Ángeles y la meta, el icónico letrero de bienvenida en Las Vegas.
Maratón de Los Ángeles a Las Vegas: Un reto extremo en el desierto
Este maratón es brutal. Se corre sin pausas, de día y de noche, atravesando el desierto de Mojave, con temperaturas cambiantes y un terreno hostil. A pesar de la exigencia, el equipo rarámuri obtuvo el tercer lugar en la categoría femenil/relevo, completando la travesía en 52 horas con 22 minutos. Lo hicieron como saben hacerlo: usando huaraches tradicionales y vestimenta colorida que identifica a su comunidad. Este detalle no solo es cultural, también es un acto político: reivindicar sus raíces en un escenario internacional que suele invisibilizar a los pueblos indígenas.

Más allá de los tiempos y las medallas, este logro muestra cómo las mujeres rarámuri derriban estereotipos. Durante siglos se ha cuestionado si las mujeres indígenas podían aspirar a escenarios deportivos de alto rendimiento. Hoy, su presencia en The Speed Project envía un mensaje claro: ser mujer indígena no es un límite, sino una potencia. Incluso, una de ellas participó apenas tres meses después de haber dado a luz, lo que convierte el esfuerzo en un acto de sororidad y resistencia compartida.
Lo que aún falta por correr
El impacto simbólico de su hazaña es enorme, pero también deja al descubierto carencias estructurales. Las corredoras denunciaron la falta de apoyo logístico, económico y mediático para su participación. Esta realidad refleja una deuda de justicia: si bien sus logros son celebrados, todavía es urgente traducir esa visibilidad en políticas públicas que garanticen financiamiento, becas, nutrición y salud para el deporte indígena.
El maratón de Los Ángeles a Las Vegas se convierte, gracias a estas seis mujeres, en algo más que una carrera: es un recordatorio de que correr puede ser también una forma de existir, resistir y transformar. Las mujeres rarámuri han demostrado que la verdadera victoria no solo está en la meta. También en abrir camino para que las próximas generaciones corran con más libertad y menos barreras.
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