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La historia que nos contaron durante años omitió voces decisivas. Hoy, gracias a un esfuerzo institucional, esas voces comienzan a ser visibilizadas. La Secretaría de Educación Pública (SEP) reconoció recientemente el papel fundamental de las mujeres en la Independencia, resaltando cómo su valentía y participación fueron determinantes para que México alcanzara la libertad en 1821.

Durante la conferencia “La mañanera del pueblo”, la subsecretaria de Educación Básica, Angélica Noemí Juárez Pérez, explicó que las mujeres en la Independencia fueron conspiradoras, cuidadoras, espías y también combatientes. Organizaron redes de apoyo, financiaron la causa insurgente y, en momentos críticos, tomaron las armas. Sin ellas, afirmó, «el sueño de un México libre no se habría hecho realidad».
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Juárez Pérez recordó un bando de 1817 que describía a Sultepec como un lugar donde “no había mujer que no fuera una verdadera insurgente”. Este reconocimiento histórico muestra que las mujeres no solo participaron, sino que fueron vistas como una amenaza directa al dominio realista.
Mujeres en la Independencia: heroínas invisibilizadas
Las heroínas de la Independencia pagaron un alto precio por desafiar los roles de género impuestos en su época. Ejemplos como María Josefa Martínez, procesada por liderar un grupo de hombres y por “portar pantalones”; o María Tomasa Estévez, condenada a muerte porque su belleza supuestamente “ponía en riesgo” a los soldados realistas, evidencian cómo la represión se mezclaba con el castigo a su condición de mujeres.

Carmen Camacho también fue fusilada y exhibida en Acámbaro con un letrero que la calificaba como “adicta a la insurgencia”. Estos casos no solo muestran la violencia física, sino también la simbólica: sus cuerpos fueron usados como escarmiento público.
Más allá del campo de batalla
El reconocimiento de la SEP pone de relieve que las mujeres no fueron un apoyo secundario, sino piezas esenciales para la continuidad del movimiento insurgente. Ellas alimentaban a los ejércitos, resguardaban información estratégica y mantenían vivas las redes de resistencia. Sin embargo, también sufrieron detenciones arbitrarias, torturas, fusilamientos y humillaciones públicas.
La subsecretaria enfatizó que fueron juzgadas dos veces: por insurgentes y por ser mujeres. Esa doble condena refleja la violencia de género histórica que aún hoy tiene ecos en nuestra sociedad. Reconocer a las mujeres en la Independencia no es solo un acto de justicia histórica, sino también una forma de reivindicar la memoria de quienes, con su coraje, desafiaron al poder y rompieron los límites de género en su tiempo.
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