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Dos jóvenes estudiantes consiguieron solucionar con creatividad y un profundo respeto por sus raíces un problema que afecta diariamente en nuestra salud. Esta es la histotria de Shanni y Rosa. Con apenas 16 y 17 años, lograron diseñar un sistema de filtración de agua que ha llamado la atención internacional.

Shanni Valeria Mora Fajardo y Rosa Mendoza Sosa son originarias de Teotitlán del Valle, Oaxaca, y estudiantes del Bachillerato Integral Comunitario número 29. Motivadas por la preocupación por la contaminación del agua causada por los químicos del teñido de textiles, diseñaron un filtro casero capaz de eliminar estos residuos, permitiendo la reutilización del agua de manera segura para usos no potables.
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Este proyecto no solo demuestra innovación, sino también un enfoque de ciencia comunitaria que integra conocimiento técnico con el cuidado del entorno. Gracias a su esfuerzo, Shanni y Rosa recibieron el prestigioso Stockholm Junior Water Prize, considerado el “Nobel Juvenil del Agua”, un reconocimiento que pone en evidencia el talento de las jóvenes indígenas mexicanas en la ciencia y la sostenibilidad.
Cómo funciona su sistema de filtración de agua
El filtro desarrollado por estas estudiantes utiliza materiales accesibles y técnicas sostenibles, adaptadas a la realidad de su comunidad. Este sistema permite reducir significativamente los residuos químicos del proceso de teñido textil, un problema que afecta a muchas localidades en Oaxaca. Además, el proyecto también se centra en la educación ambiental y en inspirar a otras jóvenes a involucrarse en la ciencia y la innovación.

Asesoradas por su profesora Brenda Jarquín Martínez, han mostrado que es posible combinar tradición y tecnología para resolver problemas reales en sus comunidades.
Shanni y Rosa: Inspiración y liderazgo femenino en la ciencia
Su innovación también representa un llamado a la acción: proteger los recursos naturales, fomentar la educación inclusiva y visibilizar el talento femenino en la ciencia desde temprana edad. Como estudiantes comprometidas con el bienestar social y ambiental, la dupla inspira a otras jóvenes a seguir caminos similares y a demostrar que la ciencia puede ser una herramienta de transformación comunitaria.
El ejemplo de Shanni y Rosa es un recordatorio de que la innovación puede nacer en cualquier lugar, sin importar la edad o el contexto social, y que las ideas bien orientadas pueden cambiar la vida de muchas personas mientras se preserva la identidad cultural.
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